¿Son necesarios los líderes?
En el Café Filomanía de Barcelona dedicado a la cuestión del poder, surgió la duda acerca de cuál es el papel del liderazgo, que decidimos entonces que constituyera el tema de la siguiente sesión, que fue esta de Abril. Dimos comienzo con una breve lluvia de ideas mediante la que intentamos recoger cuáles eran las características que asociamos a la función del líder, y salieron muchas, algunas difíciles de conciliar. No se sabía muy bien si tenía que ser capaz de resolver con sus convicciones las dudas de sus seguidores, o si más bien no era él quien carecía de ellas, pero tenía una gran capacidad de encarnar un sentir general, las aspiraciones del conjunto.
Parece que la posición del líder tiene bastante que ver con la del espejo: alguien en quien mirarnos, en quien reconocernos, pero que a la vez nos obliga a revisar constantemente quiénes somos y, sobretodo, qué queremos y hasta qué punto. Todo esto dio, como suele ocurrir en los cafés filosóficos, pie a toda una serie de interrogantes que quedaron por resolver: ¿se ama al lider? ¿ama él mismo? ¿tiene que ver el liderazgo con el amor? ¿qué pasa, entonces, con los liderazgos opresivos? ¿son siempre limitadores de la libertad? ¿o puede ejercerse el liderazgo de manera que, al contrario, la amplíe?
Pero ya se sabe, cuando se empieza a preguntar no se ve el límite, de modo que nuestros interrogantes han ido creciendo en osadía. Así, nos hemos preguntado si el liderazgo ha de ser siempre identificable con un individuo, o puede ser ejercido por una institución o, incluso, por una idea. Lo que sí parece que ha suscitado un cierto consenso es la constatación de que nuestra sociedad no está, como proponía algún asistente al principio, falta de líderes. El asunto parece más que carece de líderes a la antigua usanza: grandes políticos, grandes referentes culturales… Pero eso no necesariamente tiene que valorarse como un empobrecimiento. Seguramente tiene que ver con las nuevas formas de estructuración social que están surgiendo, de modo que la Historia parece que va en la dirección de repartir las funciones de liderazgo, dando lugar a lo que hemos venido a llamar un liderazgo en red. Los líderes, pues, siguen pareciéndonos necesarios, lo que no nos parece necesario, lo que incluso nos parece ya superfluo, es poderles dar un nombre y señalarlos con el dedo.
Por Henrik Hdez.-Villaescusa H
“La belleza”, Café Filomanía Alcobendas.
En mayo nos volvemos a reunir en el Centro de arte Alcobendas (Madrid) para continuar con nuestros cafés filosóficos reflexionando en grupo.
Os esperamos el martes 8 a las 19h. para filosofar sobre la belleza.
¡No os lo perdáis!
El poder personal
El tema de esta café proviene de cuestiones que surgieron en el anterior, dedicado a la libertad. ¿Qué es el poder? comenzamos preguntando. Quizás dominados por la actualidad, las primeras definiciones resultan ser todas de carácter negativo, como aquello que se vive como limitación de la libertad de cada uno. El poder lo ostentan los políticos, los ricos, los militares, los que tienen la información… y lo padecen los ciudadanos que aspiran a mantener su pequeña parcela de libertad personal.
¿Es, entonces, el poder siempre algo de lo que liberarse? ¿Puede concebirse el poder de una manera positiva? Con estas preguntas a contracorriente de lo que se ha venido conversando, se inicia un proceso de reflexión en torno al sentido profundo del término que nos ocupa. Poder es, en definitiva, poder… algo. Todos ostentamos, en principio, un poder, sin el cual no se entenderían siquiera nuestros actos cotidianos. Hay, pues, un poder personal en la medida en que cada uno de nosotros puede esto o aquello que decide libremente. El poder, pues, no está en sí mismo reñido con la libertad, sino sólo con cierto uso del mismo.
Aparece, entonces, la cuestión de por qué el poder puede usarse de acuerdo, o en contra de la libertad. Una participante apunta, en este momento, que ceder a otro el poder resulta muchas veces más cómodo, más fácil. Que seguramente hay poderosos porque hay muchos individuos dispuestos a eludir las dificultades propias del ejercicio del poder. Aparece entonces la cuestión del liderazgo, la de cómo ejercen los líderes el poder sobre aquellos que se lo entregan.
Pero decidimos que esta cuestión ocuparía por sí misma un café, así que terminamos por aparcarla en beneficio de otras: ¿Puede el poder ejercerse sobre uno mismo sin ejercerlo sobre los demás?¿Puede el poder ejercerse colectivamente? Ambas suscitan posturas encontradas, que parecen obedecer más bien a diferencias de carácter de los participantes. Para unos, pues, el poder auténtico se ejerce sobre uno mismo, haciéndose, aprendiendo, independizándose de los demás. Para otros, toda acción ha de ser, en definitiva, pública y colectiva.
Para terminar el café con un sabor más dulce, el coordinador pregunta si el poder, como reza el tópico, resulta erótico. Hay unanimidad en torno a la respuesta afirmativa, pero es de notar que la pregunta se ha entendido de dos maneras bien diferentes: para unos, se trata de si el ejercicio del poder añade atractivo a quien lo ostenta. Para otros, de si el poder resulta atractivo de por sí. Pero se nos agota el tiempo y no podemos dar paso a un examen práctico de la cuestión, así que terminamos decidiendo, como siempre, el tema de la sesión siguiente, que tendrá lugar el 10 de abril, y que no será otro que el del liderazgo que habíamos dejado aparcado en este café.
por Henrik Hdez.-Villaescusa H
Las supersticiones
Marzo de 2012, martes y 13. Día propicio para reflexionar sobre las supersticiones. Esa era la propuesta acordada en nuestra sesión anterior, y así lo hicimos, reunidos de nuevo, como cada mes, en la mediateca del Centro de Arte de Alcobendas.
Con algunas caras nuevas, siempre bienvenidas, y nuestros participantes ya habituales, la sesión comenzó, como en otras ocasiones, con la lectura fragmentos de clásicos de la filosofía con el fin de romper el hielo. Se comenzó con una selección del Diccionario filosófico de Voltaire donde se describe la superstición como la creencia de que determinadas prácticas inútiles son del todo necesarias, y se citan ejemplos presentes en diferentes religiones. Tras la lectura, entre los participantes no hubo aparente objeción ante la definición ofrecida. No obstante, sí apareció la necesidad de cuestionar la base religiosa de la superstición. ¿Es lo mismo religión que superstición?Intuitivamente era posible encontrar semejanzas entre ambas realidades, fundamentadas sobre todo en que las dos encuentran su fundamento en determinadas creencias. Sin embargo, también intuitivamente aparecían diferencias, las cuales fueron perseguidas para poder fundamentarlas. Así, las principales propuestas fueron la de situar a la superstición en creencias de base popular no necesariamente institucionalizadas que encuentran acomodo en la experiencia cotidiana (la mala suerte de los gatos negros, la buena de la pata de conejo…), y a la religión entre las creencias institucionalizadas y reguladas mediante algún tipo de teología con una vocación de mayor trascendencia, generalmente hacia la salvación.
En cualquier caso, tal y como rescataba uno de nuestros compañeros, supersticiones y dogmatismos representarían lo que el filósofo José Antonio Marina define en La inteligencia fracasada como “fracaso cognitivo” , a modo de justificación, mediante explicaciones causales, de prácticas irracionales. Surgía así un nuevo par de conceptos a analizar: superstición y racionalidad.
En este nuevo eje de reflexión, la superstición quedaba situada en los márgenes de la ignorancia, mientras que la racionalidad del lado del conocimiento. Así, la superstición aparecería en los espacios a los que el conocimiento humano no habría llegado, aunque matizando oportunamente que ese espacio de lo desconocido no era exclusivo de la superstición, sino de cualquier tipo de creencias o intuiciones (desde la religión hasta la espiritualidad).
Como corolario, se reconocía la finitud del conocimiento humano, pero también la necesidad humana de trascender los límites de dicha finitud. Era, por tanto, en esa vocación de trascendencia en la que encontraban acomodo las supersticiones, junto con otro tipo de creencias. Sin embargo, ya finalizando el tiempo de la sesión, se planteó también una posible paradoja: ¿es la creencia en la racionalidad humana otra posible superstición? La cuestión nos llevó a explorar, sólo superficialmente por cuestiones de tiempo, cuestiones de radical importancia y actualidad como la instrumentalización de la razón y la ciencia. Por desgracia, en ese punto hubimos de despedirnos, aunque dejando como asunto para nuestra próxima sesión el análisis de los prejuicios.
Por Ángel Carrasco Campos
Café Filomanía Barcelona: Los líderes
El jueves 12 de abril a las 19h nos volvemos a encontrar en el Forum Fnac L’Illa para compartir nuestro habitual café filosófico Filomanía. El tema: “¿Son necesarios los líderes?”. Te invitamos a que compartas tus experiencias y opiniones en grupo disfrutando de un sabroso café.
¡No te lo pierdas!
Abril en Centro de arte Alcobendas: Los Prejuicios
Os invitamos a acompañarnos el martes 10 de abril a las 19h. en el Centro de arte Alcobendas a intercambiar opiniones y reflexionar en grupo en torno a los temas que nos importan de la vida.
La entrada es libre y gratuita.
¡Os esperamos!





