Las relaciones virtuales

Abrimos la sesión de septiembre preguntándonos: ¿Qué es real en las relaciones virtuales?

A partir de ahí surgió otra pregunta, si ciertas lagunas de información en los medios virtuales quizás podrían suplirse como ocurre con las personas ciegas que agudizan otros sentidos al faltarles la vista. Nos aparece una ventaja de la comunicación virtual: cuando es escrita, uno puede pensar mejor lo que dice y no dejarse llevar por reacciones impulsivas. Pero ¿Cómo podemos hablar de lo real en lo virtual?….si al fin y al cabo real es todo lo que ocurre…  Decidimos centrarnos más en el valor que damos a esa comunicación, si nos la creemos o por qué razón podría decepcionarnos. Vemos que la relación virtual nos hace desconfiar  porque es un medio en el que aparecen nuevos modos de mentir.

La desconfianza se mitiga si en algún momento tenemos la oportunidad de comprobar la veracidad porque se produzca el conocimiento cara a cara con la persona, por ahí se empezaría a comprobar que lo anunciado a través de los medios electrónicos empieza a corresponder con la realidad física. Pero más allá de eso, necesitaríamos también todo lo que se da en la convivencia para comprobar que los sentimientos son también reales. Sabemos que en las relaciones virtuales se sustituye la convivencia por el “contar tu vida”, narración que admite toda la falsedad que no admiten los hechos en la convivencia real.

Algo interesante aparece en lo que nos ofrece la comunicación virtual: con ella se dan relaciones que no tendrías teniendo en cuenta el físico de la persona o las diferencias sociales. Vemos que por un lado se abren oportunidades, pero también vemos que dejando de lado “la piel” estamos haciendo relaciones incompletas y que no pueden durar.

Vemos que  lo que cuelgas en un espacio virtual va constituyendo tu imagen; una imagen que muy bien podría condicionar tu comportamiento. Nuestra propia credibilidad depende de cómo nos proyectemos y nos encontramos con que la propia falsedad puede encontrar un caldo de cultivo multiplicador en esos medios. La capacidad de autoengaño es previa al uso de la realidad virtual pero ésta multiplica las oportunidades de que se dé porque entramos en un clima de fantasía y también multiplica las consecuencias, cuando proyectas una imagen disparatada que luego te condiciona.

Hay quien considera insuperable los defectos de lo virtual porque, como animales, mamíferos, necesitamos relacionarnos con un cuerpo, aunque  hay quien señala que lo importante de la decepción siempre radicará en que hayamos sido engañados o contrariados en nuestras expectativas.

El problema es que en aquello que falta algo sustancial de las relaciones, por ejemplo lo físico, se nos puede disparar la imaginación.

¿Cómo contrarrestar todos estos peligros? La solución sería diferenciar mucho entre los modos físico y virtual de relación y ser consciente de las posibilidades de cada una y por tanto disfrutar de lo que nos ofrecen sin pedirles lo que no pueden ofrecer.

Como final aporto la reflexión de que los estudiosos de la filosofía también pasan mucho tiempo relacionándose con no-cuerpos cuando leen a los filósofos y resulta ser una relación satisfactoria, sin olvidar que precisamente lo que proponemos los que hacemos práctica filosófica es la ejercitación, viva, presente, que requiere dos mentes encarnadas y vivas.

La red ha permitido que personas en las antípodas puedan compartir información en lo que se ha dado en llamar “comunidades de interés”. En este nivel de intercambio de información internet ha potenciado enormemente la evolución personal de muchas personas pero hemos visto cómo en el nivel de las relaciones personales internet potencia más el aspecto imaginario que otra cosa.

Os dejamos algunas películas que tratan lo real-irreal en los medios virtuales para continuar con la reflexión:

BRAZIL, 1985.- Terry Gilliam.

TIENES UN E-MAIL, 1998.- Nora Ephron

MATRIX, 1999.- Andy Wachowski

LA RED SOCIAL, 2010.- David Fincher

Coordinadora: Mercedes García Márquez

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¿Nos comprometemos con la democracia que queremos?

En nuestro encuentro del pasado 28 de junio en la librería Ocho y Medio (Madrid) quisimos contribuir a la reflexión sobre nuestra democracia que se está haciendo de una manera bien patente en nuestro país.

Para no dar nada por supuesto, nos planteamos si, en tanto que sistema, podría haber una alternativa a la democracia y entendimos que, por mucho que necesitara mejoras (sobre todo en sus mecanismos de control, incluida la justicia) no había otro sistema mejor. Vimos que el compromiso para su mejora tenía que ser de todos, pero sí se señaló que por parte de los políticos tenía que ejercerse más motivación de servicio público ya que en los últimos años la clase política había entrado en una dinámica muy centrada en los intereses de partido, e incluso peor: centrada en sus intereses como clase política, con la prioridad puesta en su supervivencia cuando no en su enriquecimiento. Esto, más allá de que pueda generar delitos penales, produce un ambiente en el que se van corrompiendo las voluntades y las intenciones, y se pierde el norte del beneficio público, que es el único que debería orientar las decisiones políticas.

Vimos que una de las causas que están detrás de esta deriva es la preponderancia del dinero como rector de la vida común, lo cual a su vez ha sido generado por un sistema económico capitalista que ya no tiene competencia de ningún tipo, ni ideológica, ni funcional; campa a sus anchas sin que haya nada que le ponga límites, ni desde los poderes políticos ni sociales. Hemos bajado la guardia, dicen algunos, y el conformismo con un sistema que hasta ahora no iba mal ahora parece que nos va a cobrar cara la pasividad.

Frente a esta situación nos encontramos con una explosión de información en la red: los contactos multiplicados, los debates, los intercambios entre particulares, al margen del poder, del dinero, y lo que es más curioso, a parte de los propios medios de comunicación masivos tradicionales, que en muchos momentos han quedado obsoletos. La red es un medio de intercambio horizontal, donde la autoridad la marca el que diga y aporte lo más interesante, lo que resulte más significativo para todos. Vemos como se da esto con la generosidad extrema del que aporta su esfuerzo y sus conocimientos por el puro placer de compartir, en el polo opuesto del que le pone precio a todo. Se recuperan por este vía los valores elevados del diálogo y la generosidad.

El movimiento del 15 M habría surgido de ese ambiente de comunicación, no violento, bien informado y crítico. Aunque algún participante señaló que todavía quedaba mucho para que todo este estado de opinión cristalizara en alternativa que se integrara formalmente en el funcionamiento democrático de votaciones, valoramos que se haya dado ese paso. Un paso al que ha contribuido la energía de los jóvenes, de los que hasta ahora parecía que esta sociedad no esperaba gran cosa. Si esto es una semilla de mayor conciencia para una mejor convivencia, bienvenida sea.

Por Mercedes García Márquez

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¿Mejor solos que mal acompañados?

El pasado 24 de mayo tuvo lugar nuestro café filosófico en la  Librería Ocho y Medio en Madrid. El tema elegido para esta ocasión fue: ¿Mejor solos que mal acompañados?

Transitamos por la soledad, el autoconocimiento y la realización personal.

Vimos que lo que se presenta como una alternativa podría no ser tal, a veces  nos encontramos mal acompañados y solos.  Hay una soledad pesada y triste y una que viene del sentimiento de vacío, ese que podríamos querer llenar con cosas materiales, drogas o somníferos, ese tipo de soledad es un infierno y todo lo que sirva para paliarla lo vamos a hacer incluso buscando mala compañía. Otra versión del conflicto nos llega a través de un prejuicio que nos podría condicionar: la soledad es entendida como síntoma ante los demás de que algo no va bien en tu vida, es sinónimo de fracaso, buscamos atacar un síntoma erróneamente.

En el polo opuesto nos podríamos encontrar al que sí  vive cierta plenitud interior pero no encuentra con quien compartir… pero vimos lo improbable de esta posibilidad: el que tiene abundancia interior la proyecta hacia fuera y eso atrae a los demás. Al abundante, al humanamente rico se le multiplican los bienes, al vacío todo se le hace vacío, le hacen el vacío los demás también. La abundancia interior se trabaja, se empieza por el propio conocimiento de lo bueno y lo malo de uno y desde ahí se puede producir el cambio o la aceptación. Tener buena relación con uno mismo propicia las buenas relaciones con los demás, aunque curiosamente ya desde ahí no se buscan tanto y sobre todo no se mendigan.  Y vimos que la soledad se puede entender como un desafío pero sobre todo es una realidad que te impone la vida y que tienes que ir reconociendo en tu proceso de madurez, al margen de que tengas compañía. La soledad más allá del estado de no-estar-acompañado es una experiencia de conocimiento de uno mismo y una aceptación básica, previa a la búsqueda de una felicidad real, bien fundamentada y que como tal se extiende a los demás.

Vimos cómo vivir en soledad puede ser producto de una mala experiencia en alguna relación pero vimos que actualmente hay mucha gente que se lo plantea como forma de vida, como elección. Está en el ambiente. Las prioridades se deciden individualmente, ya no hay tanto marcado por normas sociales. Y por tanto ya no es tanto un fracaso como una opción.

Pero tenemos por otro lado que quizás el verdadero desafío es estar en pareja, vivir en común. Vimos como  el individualismo  puede responder al miedo de tener que aceptar que los otros te reflejen cómo eres. En ese sentido estando solo estás a salvo, dentro de cierta comodidad o facilidad  porque nadie te dice cómo eres, ni parece que tengas que responder a la exigencia de hacer feliz a nadie.

Finalmente nos hicimos esta pregunta ¿Vivir solo o acompañado es sólo una cuestión de opción?… O quizás existe una inclinación natural de cada uno por esos dos proyectos de vida. Vemos que hay una mayoría a la que le aparece con más fuerza el impulso a vivir en compañía, y  vemos como ello  se vive también como una necesidad fuerte la realización vital personal a través de la familia y los hijos. Pero en cualquier caso vivir en solitario ya no está mal visto, si se puede considerar una opción es en parte porque ya no le rodea el halo del fracaso, hay más libertad para dar forma a la vida.

Libro recomendado:

Comte-Sponville, André. La felicidad, desesperadamente.

Películas:

FRÁGIL (2005) de Juanma Bajo Ulloa

CYRANO DE BERGERAC (1990) de Jean-Paul Rappeneau

Por Mercedes García Márquez

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Mujeres y futuro

El encuentro del 26 de abril en la Librería Ocho y Medio de Madrid ha resultado una experiencia interesante.

Éramos todas mujeres ese día. Quizás  el título se pudo interpretar como excluyente del hombre. Fuera un error de nuestra parte, fuera una excusa por su parte, el caso es que los hombres no aparecieron.

L. arranca con la consideración de que uno de los retos del futuro es que la mujer a igual trabajo obtenga el mismo salario, pero luego vimos que eso no era lo que real y más profundamente preocupaba a las presentes. La propia L. lo recogió en su comentario final.

Abordamos  los rasgos con los que nos vemos a nosotras mismas: abiertas, sensibles, acogedoras, con gran capacidad de trabajo. MªA. pregunta ¿No será porque no nos valoramos mucho por lo que nos ponemos a hacer de todo? En respuesta vemos que nos metemos en todo pero eso hace que no sea al cien por cien y que sí que hay una necesidad de sentirse aceptada a través de los demás. Vemos que esto se desarrolla especialmente  en el ámbito de las relaciones familiares  y  que produce un efecto colateral, no conscientemente buscado pero que tiene efectos muy comprometedores: se trata de que nos volcamos en  defensa del territorio donde esas relaciones familiares se dan y que terminamos considerando nuestro reino: la casa. Así resulta que nuestro reino es también nuestra trampa. Vemos cómo esa dedicación hace recaer en la mujer tantas tareas imprescindibles, sobre todo del cuidado de los hijos, a las que los hombres se acercan solo cuando la mujer no lo hace. Aunque también vemos cómo a los hombres más dispuestos no se les deja actuar fácilmente ¿Falta de confianza en sus capacidades o ansiedad de perder el rol por el que nos sentimos necesitadas? Desde luego L. lo tenía claro “por los hijos una mujer hace todo”. La biología manda lo suyo, todas lo reconocen, el vínculo madre-hijo es considerado superior a cualquier otro vínculo. Aunque se levantan voces a favor de considerar igual el vínculo del padre con su hijo, parece que lo que nos corresponde como madres es prioritario sobre cualquier otra cuestión. Vamos a ver cómo eso es determinante para nuestro comportamiento, tanto que el gran dilema de la mujer actual es tener o no tener hijos. Vemos cómo la organización social y económica no apoya el hecho de que la mujer pueda elegir tener hijos sin que esto sea tener que pagar un precio fatal, por lo que la elección se convierte casi en una condena anunciada. Esto hace que se produzca la locura de que los hijos aparecen en nuestra sociedad a priori como un obstáculo que se termina por eludir. C. apuntó que además los hijos aparecen como una gran carga económica porque no se sabe frenar los gastos que les corresponden.

Como decía al principio de esta reseña L. recogió la conclusión final: el desafío del futuro alcanzaba a toda la sociedad que debe comprender que sobre la mujer recae el precio de decisiones que incumben a todos, como la de tener hijos, entendimos que debía haber una sensibilización general para que la mujer dejara de  sobrellevar el conflicto en soledad.

Por Mercedes García Márquez

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¿Qué es la realidad?

El pasado día 22 de marzo de 2011 retomamos nuestras sesiones de Madrid. En un nuevo espacio de excepción (Librería Ocho y medio), con nuevos y ya veteranos amigos y con renovadas ilusiones afrontamos una interesante y fructífera reflexión dialogada con la pregunta “¿qué es la realidad?” como tema principal.

Quizás la estrella de la tarde fue el reconocimiento mayoritario de que cada uno de los presentes había experimentado en algún momento el resquebrajamiento del modo en que vemos la realidad. Solo una persona decía no haberlo experimentado, la misma que al final de la sesión decía que lo que pasaba era que uno se hace ilusiones, imagina la realidad (alucinando y negando lo que te hace daño, decía) y  es la propia realidad la que se encarga de desilusionarte.

Pero antes de eso estuvimos hablando de los componentes objetivos y subjetivos de lo que llamamos realidad. La experiencia y la interpretación nos remitían a la subjetividad. Se puso en duda que existiera la realidad si no había alguien para atestiguarla.

De la realidad totalmente subjetiva pasamos a la realidad “objetiva” que alguien definió como un acuerdo entre las personas. Si bien vemos la realidad desde nuestra individualidad, también detectamos en algún momento filtros (gafas de ver la realidad) que al haberles sido inoculados por la educación se pueden considerar como algo propio en la medida que nos ha calado, pero también como algo ajeno en la medida en que es algo adquirido. En relación con el consenso social acerca de cómo ver la realidad, alguien señaló el que se produjo en la Alemania Nazi que permitió ver con normalidad una realidad atroz. Por otro lado vimos que no había una fijeza en el modo “social” de ver la realidad puesto que pasando el tiempo vemos como nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros vivimos la realidad de modo distinto. C. lo llamó “cambio de paradigma”.

Nos detuvimos a ver cuanta realidad podría tener para nosotros las 20 o 25 (en cualquier caso muchas) maneras que tienen los esquimales de distinguir lo que para nosotros es “el color blanco” y el proceso nada fácil de atención que necesitaríamos atravesar para poder percibir la realidad como ellos.

Un momento importante fue cuando E. nos contó cómo una experiencia puntual le había dejado constancia de que la realidad se podía ver de otro modo y que al volver a la realidad cotidiana de su ambiente laboral se sintió sola e inadaptada. D. le expuso que quizás podría contemplar la posibilidad de que el no compartir su nueva visión de la realidad podría tener más que ver con sus prejuicios que con la incapacidad de comprensión de los demás. A. señaló que es una suerte que sea una experiencia positiva la que te haga ver la realidad de otro modo porque desgraciadamente lo que nos rompe los esquemas suele ser algo que nos hace sufrir.

A. y su hermano, recién llegados a España desde Paraguay nos contaron las experiencias que les hicieron ver y vivir la realidad de otro modo.

En el balance se dijo desde que “la realidad es lo que nos enseñan a creer” hasta que “uno puede elegir la realidad que quiere vivir” pasando por el que “para elegir uno tiene que poder salir de su caja y pensar sobre ella”.  Más de uno apuntó “hay que atreverse….”

Por Mercedes García Márquez.

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¿Puedo cambiar?

Con la pregunta “¿puedo cambiar?” comenzamos nuestro encuentro del pasado 30 de junio de 2010, el cual sirvió de cierre de la segunda temporada de sesiones de Madrid con la presencia y participación de muchos de nuestros amigos.

Acompañados de un buen tiempo, de un café o refresco y, en esta ocasión, en un jardín y al aire libre, nuestra reflexión dialogada pronto se orientó hacia una profunda e interesante discusión acerca de si es posible o no cambiar, y en qué medida acontecen dichos posibles cambios.

Aceptando inicialimente cierto margen de posibilidad de cambo, un primer ejercicio fue el de intentar discernir qué tipo de cambios son los que pueden afectar a nuestra identidad personal: ¿afecta del mismo modo, por ejemplo, cambiar de posición nuestra cabeza porque nos molesta la luz del sol que sufrir un desengaño amoroso? ¿o cambiar alguna costumbre de nuestra vida cotidiana?

Siguiendo esta misma línea, nos palnetamos también si son nuestros actos y costumbres los que definen a nuestro yo, o nuestro yo es el que nos impulsa a realizar determinados actos y a tener determinadas costumbres: ¿es cierto, entonces, que el habito no hace al monje? En este sentido, la principal cuestión debatida fue la de si existe algún tipo de esencia en nuestro propio yo que pueda permanecer inalterable a cualquier tipo de cambio en nuestra persona y personalidad; cuestión clásica en la historia de la filosofía que vertebró gran parte de la reflexión y nos llevó a preguntarnos si, en caso de haber una esencia personal, ¿sería al menos posible ejercer algún margen de libertad para poder controlarla con nuestras acciones?.

Como siempre, el muro de nuestro perfil de facebook ha servido, y sirve, para poder continuar profundizando en este interesante e inagotable tema de reflexión. ¡Os animamos a todos a participar en él, para poder seguir atentos a éste y otros temas de reflexión durante el verano!

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