Anatomía del miedo, José Antonio Marina

“No hay especie más miedosa que la humana. Es el tributo que hemos de pagar por nuestros privilegios. Como escribe Mowrer, “nuestra desarrollada propensión a ser previsores y a sentir ansiedad probablemente da origen a muchas de nuestras virtudes, pero también da razón de alguno de nuestros fallos más evidentes”. La inteligencia libera y a la vez entrampa. Nos permite anticipar lo que va a suceder -información útil para sobrevivir-, pero puede pasarse de rosca y provocar esas patologías de la anticipación que tan bien conocen los psiquiatras. Vivimos entre el recuerdo y la imaginación, entre fantasmas del pasado y fantasmas del futuro, reavivando peligros viejos e inventando amenazas nuevas, confundiendo realidad e irrealidad, es decir, hechos un lío. Para colmo de males, no nos basta con sentir temor, sino que reflexionamos sobre el temor sentido, con lo que acabamos teniendo miedo al miedo, un miedo insidioso, reduplicativo y sin fronteras. (…)
El estrés, la ansiedad, el miedo son funcionalmente útiles. Incluso pueden ser agradables a veces. De ahí el éxito de los deportes de riesgo y de las películas de miedo. Hay un escalofrío atrayente. Podemos considerar miedos normales los que son adecuados a la gravedad del estímulo y no anulan la capacidad de control y respuesta. Es difícil encontrar criterios fiables para medir estos aspectos, por lo que frecuentemente apelamos a una mera evaluación estadística. Por ejemplo, el miedo a volar ¿es normal o patológico? En cierto sentido es normal, porque no estamos preparados para surcar los aires, pero en otro sentido no lo es, porque sólo resulta insoportable para un pequeño número de personas.

Un miedo patológico se corresponde con una alarma desmesurada, tanto en su activación como en su regulación. Se dispara con demasiada frecuencia y con umbrales de peligrosidad muy bajos, la aparición del miedo es demasiado fuerte, sin flexibilidad, un mecanismo todo-nada. Además, no está modulado y se convierte con facilidad en pánico. No es el único caso en que sistemas defensivos del organismo se convierten en tóxicos. Christopher André pone como ejemplo el reflejo de la tos. Nos protege, porque impide la entrada de cuerpos extraños en los alvéolos pulmonares, pero una crisis de asma desencadenada por unos miligramos de polen representa una reacción de alarma inútil y nociva. “No hay peligro en ese polen. El problema no viene del entorno sino de un sistema de defensa desarreglado. Y la dificultad de respirar, la tos seca agotadora del asmático en crisis son más tóxicas que útiles.” Lo mismo sucede con el miedo.”

José Antonio Marina, Anatomía del miedo.

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Filomanía Alcobendas: Nuestro lado oscuro

Nos volvemos a encontrar el jueves 20 de octubre a las 19h. en el Centro de Arte Alcobendas (3ºplanta) para disfrutar de nuestros habiltuales espacios de reflexión filosófica, compartiendo ideas, indagando, profundizando y aprendiendo del diálogo con los demás.

En esta ocasión filosofaremos sobre “Nuestro lado oscuro”.

Coordina: Ángel Carrasco Campos

¡Os esperamos!

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Filomanía Barcelona: ¿Por qué cuesta tanto aceptar los cambios?

Os esperamos en la Sala Ámbito Cultural (6º planta) de El Corte Inglés Avinguda Portal de l’Àngel el jueves 13 de octubre a las 19h para  compartir otro de nuestros cafés filosóficos Filomanía.

En esta ocasión el tema sobre el que filosofaremos es: ¿Por qué nos cuetsa tanto aceptar los cambios?

¡No os lo perdáis!

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¿Nada pasa porque si?

Se inicia Café Filomanía de septiembre en Barcelona con la presentación de Humbert Ruiz Gil  – www.mimesis.cat – filósofo que ejercerá de facilitador de la sesión.

El Principio de Razón Suficiente (PRS)

Las primeras palabras del filósofo son para señalar que la cuestión planteada ¿Nada pasa porque si? esconde uno de los problemas filosóficos fundamentales. Es una pregunta que nos pone en relación con el conocimiento de las causas, con el conocimiento crítico, es el buscar preguntas a lo dado, a la realidad… Sería el momento ideal, dice el conductor, hacer una clase de epistemología, lógica, metafísica, ontología, teología… pero que, exigencias del guión, se limitará a exponer, a modo de marco introductorio y para dar elementos de reflexión y debate, algunos autores que han acuñado algunos conceptos que considera apropiados para la ocasión.

El primer autor que nombra es Leibniz. Argumenta que la pregunta o el tema del presente café filosófico puede traducirse en alguna de las formulaciones que Leibniz (y otros) han hecho del “principio de razón suficiente”. Así, según el autor “… jamás ocurre algo sin que haya una causa o al menos una razón determinante, es decir, algo que pueda servir para dar razón a priori de por qué algo existe y por qué existe de esta manera más bien que de otra manera”[1] Y en este sentido, para Leibniz, es claro que no todo pasa porque sí, sino que hay siempre una explicación o una causa que justifica o fundamenta algo dado.

Otra formulación que Leibniz da del principio de razón suficiente es la siguiente: “Nuestros razonamientos están fundados sobre dos grandes principios: el de contradicción… y el de la razón suficiente, en virtud del cual consideramos que ningún hecho podría hallarse ser verdadero o existente, ningún enunciado verdadero, sin que haya una razón suficiente por la que ello sea así y no de otra manera, si bien estas razones las más de las veces no nos puedan ser conocidas”[2]

El sistema de Leibniz surge en gran medida como una crítica al dualismo substancial y el mecanicismos cartesiano, las verdades de razón y de hecho, no están ni pueden estar en contradicción, pero lo que ocurre es que las “razones” (causas, justificaciones, demostraciones…) muchas veces nos quedan ocultas y las desconocemos. Cierto es que los filósofos de los siglos XVII y XVIII no fueron muy precisos sobre los diversos tipos de “explicaciones suficientes” y que se necesitaron un par de siglos más para establecer formulaciones más precisas y operativas para el principio de razón suficiente en términos de “criterios de verificación de un enunciado o hecho”.

Ya en el siglo XX destaca la interpretación que hace Heidegger del principio de razón suficiente. Considera este principio como una cuestión central de la metafísica pues atañe a la cuestión del fundamento último de la realidad o existencia. Su análisis nos retorna a las clásicas formulaciones del Ex nihilo nihil fit (de la nada nada surge) o Ex nihilo fit ens cratum (de la nada surgen los seres creados)  en tanto que destaca una parte negativa y otra positiva del principio de razón suficiente: nihil est sine ratione (nada existe sin una razón) y omne ens habet rationem (todo ser tiene razón)

Que no deja de estar en relación nos dice el filósofo moderador con la máxima hegeliana de “Todo lo que es real es racional y todo lo que es racional es real”. Pero para ir acabando esta introducción un poco más larga de lo habitual el conductor de la sesión cita a un último autor que, según su parecer, es sin duda alguna uno de los autores que más ha contribuido a esclarecer la cuestión del principio de razón suficiente. Además, añade, permite atenuar el aspecto puramente filosófico, el de explicación última a la que aspiran ciencias y religiones,   para abrir diversos frentes de debate: A. Schopenhauer. De forma muy esquemática nos dice el facilitador, en la obra Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente (1813) el autor nos habla de cuatro ámbitos, a su parecer irreductibles entre sí, en los que el principio se aplica: el mundo de la física, el de la lógica, el de la matemática y el de la moral. A grandes rasgos, los tres primeros se refieren más a aspectos de los que consideramos ciencia, donde hay cierto grado de consenso sobre las explicaciones y demostraciones. En lo referente a lo moral, donde entra en juego la existencia y conducta del ser humano concreto, hablar de explicaciones o razones resulta de lo más resbaladizo.

Las primeras reflexiones de los participantes vienen a constatar que ciertamente hay o se busca una explicación a la existencia. Parece algo natural en el hombre, incluso en los niños la pregunta insistente e infinita del por qué de las cosas. Una participante interpreta esta explicación en términos de destino trazado, en este caso por una deidad, que se debe saber seguir. Otros se distancian diciendo que el destino no existe, que no está escrito. Aunque hay discrepancias entre los que hablan del azar, el caos y una existencia insignificante y los que admiten la construcción de un cierto destino o finalidad que da sentido a la vida de cada uno. Algunas voces nos recordaron al budismo zen y al eterno retorno.

Otro debate interesante fue el que se generó sobre la dificultad que existe entre determinar la ambivalencia causa-efecto: ¿cuando una causa se convierte en efecto de otra causa o un efecto deviene causa de otro efecto?

Muchos conceptos surgieron en un café filosófico multitudinario, Causalidad (física), Casualidad, Determinismo, Libertad y hasta un cisne negro. Pero lo realmente conmovedor fueros diversos testimonios que mostraron como ciertos hechos de la vida les han generado la pregunta del por qué aquello ocurrió. ¿Fue un mero azar? O era algo que estaba escrito y preparado de antemano… ¿Con qué fin?… Resuenen las palabras de las personas que iniciaron el largo camino por las causas y el sentido buscado de la vida.

Para terminar el café filosófico se realiza la captación de posibles temas para el próximo café. Entre ellos destacan ¿Somos insignificantes?, ¿Dónde empieza lo sobrenatural? o ¿Cómo podemos gobernar nuestras vidas? Finalmente, por amplia mayoría se escogió como tema para el próximo café de octubre: ¿Por qué cuesta tanto aceptar los cambios?

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[1] Teodicea, I, 44.

[2] Monadología, §31-32

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