¿Somos conscientes de nuestras contradicciones?

Se dio un aluvión de buenas ideas, tocando muchos aspectos, la verdad es que me vi superada por tanta creatividad, me fue difícil “poner orden” pero no puedo negar que resultó divertido y vital.

Hacemos una ronda en la que se manifiestan las posiciones:

Hay quien manifiesta que no soporta la contradicción de manera visceral  y hay quien tiene asumido que es una persona contradictoria. Se da pues la paradoja de que se puede dar una relación pasional con la racionalidad y al contrario una relación razonable con la irracionalidad.

Asumir que se es contradictorio pasa por conocer las propias tendencias a lo largo de los años y aceptarlas como inevitables, algo a lo que se añade  que abandonamos una imagen idealizada de uno mismo, esa por la que creo que soy la persona coherente que en realidad no soy. También influye el hecho de que con los años te flexibilizas y se te “amplía la mente” dando cabida a puntos de vista que antes te parecían contradictorios y ahora los ves complementarios. Otro factor para ser más flexible con respecto a las contradicciones es la consideración de que cuando actúas de modo contrario a lo que piensas en realidad está aflorando una sabiduría inconsciente que es más integradora que lo que me dice do lo que sé conscientemente, o mejor dicho de lo que “me cuento” a mi mismo.

Uno de los intolerantes con la contradicción nos dice que su aversión tiene su correlato en su amor por las matemáticas, porque en ellas no puede haber contradicciones, pero que lo extiende a lo personal porque no puede entender que alguien pueda preferir a las personas que no hacen lo que piensan, la coherencia sería la razón de ser, la naturalidad misma. Alguno se le suma pero reconoce que por mucho que  le sigue pareciendo asombroso el comportamiento contradictorio, ya sólo le preocupa cuando le afecta personalmente; y ahora anda también preguntándose si él a su vez será consciente de sus propias contradicciones.

Todos estamos de acuerdo en que las contradicciones sólo son visibles si prestamos atención a lo que somos y lo que hacemos, cosa que no es tan común.

Un contertulio nos expone que fue flagrantemente víctima de sus propias contradicciones aunque él lo resume con un “me desconocía por completo y la vida me paró en seco” y añade “sobre la base de un gran error cometido pude observar muchos errores encadenados”. Cuando en su vida sucedió un desastre se paró y vio que su comportamiento era fruto de la inercia y de la ignorancia y que por primera vez hubo de abrir un periodo de reflexión de duró años.

Nos preguntamos ¿Porqué se da una distancia entre lo que piensas y lo que haces?. Alguien responde: Porque te comportas como esperan otros, contra tus propias ideas. A lo que cabría preguntar ¿Y si te comportas según la razón no sería también comportarse contra ti mismo?. Otro responde que se puede llegar a ser contradictorio por amor. A lo que cabría preguntar ¿Y eso no sería ser coherente con el amor?. Una tercera persona contesta que se es contradictorio “por falta de coordinación entre el consciente y el subconsciente” a lo que cabría preguntar ¿Qué  me constituye más el consciente o el subconsciente?

Ante esta última respuesta se abalanzan los comentarios: Uno dirá que el subconsciente es lo auténtico en nosotros pero que lo desconocemos y sin embargo el consciente, que es la parte conocida, no es más que ruido que no te deja oír la verdad. También dirá  que el “consciente es visceral” y lo explica como que los sentimientos te llevan a  dar vueltas en la cabeza para explicarlos y ese pensamiento es ruido. El subconsciente, dirá,  fluye y el consciente tapa; por eso los meditadores intentan acallar ese ruido que tapa para que surja el inconsciente.

Nos encontramos con una definición interesante de consciente como RUIDO…pero entonces, ¿Cómo tendríamos que llamar al momento en el que lo no-consciente aflora y adopta un sentido a la luz de nuestro entendimiento?. Es un momento de revelación pero donde aparece no es sino en la conciencia, es decir ESO es lo realmente consciente.

Señalo que hay tendencia a confundir:

1.-“Consciente” con “palabra” por el hecho de ser palabra, es decir un producto nuestro que requiere de la voluntad de emitirla. Pero ésta puede ser compulsiva y responder a un pensamiento automático que en filosofía jamás se entendería como consciente.

2.- “Pensamiento” con “producto mental automático” que se dispara ante las emociones o lo que vivimos como algo que nos convulsiona. Deberíamos hablar de pensamiento cuando sabemos lo que pensamos y podemos darle nuestra conformidad serena.

3.- “Concepto” con ese “producto intelectual que te dan hecho” y que sólo tienes que juntar con otros conceptos para “parecer” que estás diciendo algo. Cuando el verdadero concepto es aquello que TÚ concibes, es decir una realidad comprendida y plasmada en una palabra que te permite comunicarte.

Volvemos a la contradicción y vemos cómo la falta de continuidad entre lo que piensas y lo que dices intenta a menudo evitar la catástrofe en las relaciones sociales. Nos preguntamos si no sería bueno intentar limpiar nuestra mente hasta el punto de que mostrarla tal cual es no pudiera ser reprochable. Esto nos llevaría a la figura de Sócrates, siempre diciendo la verdad y siempre molestando a los otros.

Vamos viendo también que hay principios irrenunciables  que son los que nos hacen abandonar un trabajo que nos hace entrar en contradicción o más simplemente no acudir a un espectáculo que nos haría sentir que estamos dando pábulo a unas ciertas ideas. Pero tenemos que distinguir entre contradicción y conflicto interno que se podría resolver teniendo una visión más amplia o más profunda de las cosas y eso hace que podamos integrar ideas que en una primera aproximación parecen irreconciliables. Ante esto podríamos preguntarnos si intentando huir de la rigidez no llegaríamos a una indefinición blanda que, eso sí, es cómoda.

Nos hacemos una última pregunta ¿Si eres capaz de justificar tus contradicciones será que dejan de serlo en cierto modo?. Pensar sobre ellas y darles su justo lugar nos hace ver la diferencia entre las que resultan conflictivas y las que no. En ello influye tu capacidad de perdón hacia ti mismo y  tu tolerancia, real o interesada, hacia los demás.

Por Mercedes García Márquez

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