¿Por qué recurrimos a los tópicos en la comunicación con los demás?

Iniciamos en septiembre nuestra quinta temporada de Café Filomanía Madrid en el Forum de FNAC Callao. Afuera, en la calle Preciados, se pueden disfrutar las más variadas manifestaciones del ingenio, desde las esculturas humanas a la mezzo-soprano asiática, pasando por el grupo musical y el charlatán cuentista. De camino pienso si no se entenderá la filosofía como una actividad más dentro del mundo variopinto de la expresividad humana, me impresiona la idea de encontrarme con la necesidad de defender la seriedad y la trascendencia de una disciplina que es todo un compromiso con la propia vida, lo opuesto a un producto de consumo.

Nos reunimos unas veinte personas. Arrancamos la sesión con la invitación a compartir la experiencia que tengamos sobre los tópicos. Entre todos vamos tejiendo el perfil del tópico: etiquetado, lineal, recurrente, lo fácil, falta de implicación, no proviene de una vivencia,  idea general asumida por la generalidad, te hace no sentir aislado,  es una imposición, producto de la pereza mental, es decir,  producto de no enfrentarse a las cosas con las propias fuerzas del pensamiento.

Hago un pequeño experimento: con una frase hecha muy popular “el que se pica ajos come”  les hago decir lo que significa; salen a relucir tres interpretaciones distintas. Es curioso, los lugares comunes podrían no ser más que una ilusión de comunidad.

En adelante abordaremos dos tópicos; en primer lugar la expresión “Sé tu mismo”, más adelante la frase tan oída de “Todas las ideas son respetables”.

Para “Sé tu mismo” hay división de opiniones unos dicen que si se da en una conversación profunda puede tener un sentido muy oportuno y muy preciso. Otros dicen que es una expresión que se ha puesto de moda y que se dice sin ton ni son, tanto que es “frase comodín” en las tarjetas de felicitación de cumpleaños.

Abordamos el otro ejemplo de tópico “Todas las ideas son respetables”… es la viva expresión de lo políticamente correcto, también de cierto ánimo tolerante y educado y uno de los presentes recordará que adquiere todo su resonancia histórica con el advenimiento de las democracias. No le falta razón, la retórica política tiene mucho que ver con esa afirmación. Nos va a dar mucho juego la frase, resulta que nos sirve para asegurarnos que los demás respetan nuestras ideas, también nos sirve para no seguir hablando en una discusión que se complica y finalmente nos sirve para hacer ver que aceptamos al otro aunque sólo sea mientras solo hable y no actúe. De está última aseveración se derivará un recorrido por la distancia o proximidad de las palabras y los actos de uno, del valor de las palabras y los actos por separado, y del valor de la coherencia personal. Algunos dirán que los actos dicen más verdad que las palabras que los preceden, otros recalcan que también los actos pueden ser falsos y otros defienden la palabra (en particular la escrita en un libro publicado) independientemente de la persona que la produce. Les invito a pensar cada cosa por separado pero luego a dar una vuelta de tuerca más y de relacionar todo ello y de posicionarnos valorando unas cosas más que otras, operación ésta comprometida con el mundo y alejada de la emisión de tópicos.

Por Mercedes García Márquez

Share

¿Tienes algo que comentar?

Nombre (Obligatorio)

Mail (no será publicado) (Obligatorio)

Web

Tu comentario

*