¿Estamos creando personas sin valores?

Parece que la actualidad le marca el ritmo también a la filosofía, así que la pregunta del café
de febrero, propuesta por los participantes en la sesión anterior, parece surgida del asombro ante la
realidad con que los periódicos nos hacen desayunar cada mañana.

¿Es, pues, la falta de valores la causa del desaguisado? Y, si es así, ¿quién omitió la tarea de
promoverlos? ¿Quiénes son los que no los poseen? Preguntas que han llenado hasta el tope,
otra vez, la sala que ocupamos.

Para variar, el coordinador ha introducido brevemente los términos en que se plantea la
cuestión. La investigación de los valores, como es sabido, ha preocupado a la filosofía desde
Platón. Él es el primero que pone en primer plano la cuestión de qué nos hace actuar como lo
hacemos, y lo hace en diálogos en los que precisamente compara la valoración que hacemos de
los distintos fines de nuestras acciones y de las diferentes cualidades de nuestros congéneres y
de nosotros mismos.

¿Valorar? Parece que esto suena muy contemporáneo, en tiempos de crisis. Efectivamente, no
debe ser casualidad que plantear nuestras metas en términos de valor coincida con la eclosión
de la economía mercantil en Grecia. No es esa cuestión histórica la que nos trae hoy aquí, pero
de aquellos barros estos lodos, quizás esa manera occidental de plantear las cosas sea la causa
de que hayamos acabado por subordinar los valores éticos, o morales, a la economía.

Y es que esta distinción es lo primero que tenemos que llevar a cabo, y también la primera
que ha dividido desde el principio a los participantes en el café. Para unos, los valores son el
producto de una tradición en la que las familias, según unos, o la escuela, según otros, deben
educar. Para otros, el producto de la reflexión personal, del autoconocimiento. Lo que debe
transmitir la escuela, para éstos, es la importancia de ocuparse de uno mismo, de conocerse y
encontrar las propias metas y valores.

Por estos dos caminos paralelos ha ido transitando el diálogo, pero dos caminos con puntos de
cruce. Si hoy se echan de menos los valores, y si éstos son de algún modo causa de la situación
sociopolítica actual, parece desde una y otra postura se asocia con una tentativa de ciertos
poderes dominantes de eliminar de la vida pública aquellos que puedan poner en cuestión sus
modos de imponerse en el poder. Ahora bien, también desde ambas posturas ha habido quien
cuestione que lo que vivamos hoy sea una crisis de valores. ¿Estaban más presentes en el
pasado? ¿Cuándo, durante nuestra Guerra Civil? ¿Durante el Holocausto? ¿En la antigua Roma?

Como otras veces, el coordinador termina el café con un sumario de las diferentes posturas
planteadas, y destacando cómo, independientemente de lo que se haya dicho, al menos
durante estas dos horas de café han habido algunos valores espontáneamente compartidos por
todos: los relativos al diálogo y a la pasión por compartir la reflexión.

El mes que viene decidimos volver a encontrarnos preguntándonos, sencillamente (o no):
¿Quién soy yo?

Por Henrik Hdez.-Villaescusa Hirsch.

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