¿Quién soy yo?

La pregunta por uno mismo forma parte de las listas habituales de preguntas filosóficas. Pero sería un error considerar que siempre ha sido así. Hoy, para nosotros, qué soy, o quién, constituye, efectivamente, una preocupación clave. Pero esto es así desde el Renacimiento. Pensemos en el arte medieval, que no venía firmado, cuyo autor era un transmisor del genio de Dios.

Es la crisis de la cosmovisión medieval occidental la que pone en primer lugar la pregunta por el sujeto, y a este sujeto como objetivo fundamental de la vida. La creación de uno mismo deja de ser cosa de dioses, para ser la tarea fundamental a la que uno se ha de enfrentar. Quizás un exceso de responsabilidad, que unos han podido asumir dando lugar a la época de mayor creatividad cultural de la historia, pero del que otros han abdicado en perjuicio de su salud mental y de la de la sociedad en la que viven.

Pero… ¿no citaba Sócrates aquel oráculo, “conócete a ti mismo”? Cierto, pero Sócrates, o Platón, lo que querían encontrar en sí mismos era el rastro de aquello que, fuera lo que fuera, no eran ellos mismos, no eran sus limitaciones, no eran lo que hoy llamaríamos su subjetividad.

Ante toda esta tradición nos encontramos, pues, al dar comienzo al diálogo. Unos resaltan la importancia de buscarse y encontrarse, de saber lo que se es, quién se es (que parece que no necesariamente es lo mismo), y qué o quién desea uno hacerse. Sólo entonces adquirimos la consistencia suficiente como para relacionarnos con los demás.

Para otros, en cambio, sucede un poco a la inversa: es la interacción con los demás, la que nos pone en situaciones en que uno se hace, en las que uno toma las decisiones que le hacen ser de una u otra manera.

Esta disyuntiva constituye uno de los ejes del diálogo. El otro, se articula en torno a la cuestión de cuándo se constituye el sujeto. Para unos, en los primeros años, en el nacimiento, antes incluso, recibe uno las influencias fundamentales (genéticas para los más materialistas, afectivas o energéticas para los que lo son menos, etc.) que lo conformarán a lo largo de toda su vida. Para otros no, el sujeto se va formando a lo largo de toda la vida, y esa constituye su tarea fundamental.

Un tema tan profundo no ha podido dejar de ramificarse con frecuencia: el coordinador ha recordado al hombre artista de Nietzsche, un participante, erigido en espontáneo portavoz de las certezas de la ciencia, ha negado tajantemente la libertad del hombre para hacerse… Un diálogo, pues, de los más animados y diversos, a cuyo tema nadie ha podido sentirse ajeno.

Henrik Hdez.-Villaescusa Hirsch

Share

¿Tienes algo que comentar?

Nombre (Obligatorio)

Mail (no será publicado) (Obligatorio)

Web

Tu comentario

*