La percepción de la realidad

Iniciamos la sesión de Café Filomanía Barcelona de mayo con el visionado de un pequeño video de la caverna platónica. Luego pasamos a unas peguntas iniciales que debían responder por escrito los asistentes. Las preguntas tenían doble objetivo:

1)    Evitar vaguedades e inconexiones sobre un tema “excesivamente” complejo y amplio.

2)    Evitar que el facilitador mismo imponga una línea determinada u orientación en la sesión.

La primera pregunta fue: “si la realidad es tiempo, ¿qué es… presente, pasado, futuro o todo?”

Se recogieron las respuestas y, sin ser leídas, se procedió a una segunda ronda de preguntas. En este caso el facilitador preguntó:

“¿Cómo percibimos nuestro presente (personal o entorno), nuestro pasado y  nuestro futuro?.

Como en la anterior ronda, se recogieron las aportaciones y, como propuesta del facilitador, se pospuso la lectura y análisis de las respuestas tras una breve introducción al tema particular del café.

Para el conductor de la sesión el tema “la percepción de la realidad” le sugiere, de entrada, dos ejes o ámbitos generales de diálogo o reflexión donde enmarcar las aportaciones. Dos ámbitos generales amplios y estrechamente conectados.

El primero de ellos está representado por la imagen de la invitación: dos vasos con agua y la posibilidad de percibirlos como medio lleno o medio. Esta imagen nos sitúa más en la valoración de la realidad que en su percepción. Perspectiva importante, que el conductor no quiere obviar pero que quiere relacionar o dar cabida a un perspectiva más “filosófica” que supone dar un paso atrás y cuestionarnos o analizar los dos conceptos (fundamentales desde siempre en la filosofía) de “percepción” y “realidad”.

Parece obvio que con un buen conocimiento de ellos podremos extraer una mejor valoración sobre ellos. Y qué mejor para ilustrar esta perspectiva que el video de la caverna de Platón inicial.

Dicho esto, el facilitador apunta a que si en la primera pregunta hay una mayoría de respuestas que apuntan al presente la perspectiva de la sesión tenderá a la valoración de la realidad. Cosa que no ocurrió aunque la mayoría de respuestas fueron “la realidad es presente”. En este punto, las rondas de intervenciones de los asistentes abrieron múltiples líneas de reflexión que entrecruzaban los ámbitos de partida. Cabe destacar, entre otras:

  • Muchas de las intervenciones giraron alrededor del escurridizo y vaporoso concepto de tiempo, donde enmarcamos todas nuestras percepciones. Desde cuestionarse su propia existencia hasta su consideración como presente infinito las reflexiones intentaron perfilar tres grandes espacios temporales, el objetivo o externo, representado como una línea, el subjetivo o interior, representado por una espiral o ciclo, y el religioso o metafísico, representado por un círculo.
  • Otra gran parte de las reflexiones de los asistentes se dirigieron hacia distinguir las percepciones en dos grandes grupos: las sensaciones y las emociones. Entendiendo las primeras como los estímulos de nuestros sentidos y considerando las segundas fruto de nuestra psique. Cabe mencionar algunas referencias hechas de la necesidad de estímulos externos sensibles para entrenarlos, especialmente en las primeras etapas de la vida. Sobre las emociones, la referencia al tópico de la poca educación emocional masculina dio un toque de humor a la sesión.
  • El tema de la muerte apareció en varias ocasiones, unas para señalar que el hacerse consciente de ella es un punto determinante para la percepción de la realidad de uno mismo, saberse como ser finito… otras para destacar el miedo a ella, o a otros elementos, como un elemento natural o cultural de la percepción de la realidad.

Para ir acabando la sesión, se propone la elección del tema para el próximo café filosófico. Tras algunas propuestas se decide por mayoría que el tema sea “El Silencio”.

Como escena final se proyecta un fragmento de video sobre Terence McKenna, antropólogo estadounidense. Cabe destacar en el minuto 5:50 la frase “… el verdadero secreto de la magia es que el mundo está hecho de palabras…”  Seguramente, la mejor consigna para salir de la caverna.

Por Humbert Ruiz Gil

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