Internet y las redes sociales

Nuestro abordaje filosófico a la temática de Internet y las redes sociales (Facebook, Twitter, Linkedin…) del Café filosófico Filomanía de enero en Barcelona se llevó a cabo fundamentalmente en dos frentes: por un lado, la discusión acerca de en qué medida estas nuevas tecnologías están generando cambios en el comportamiento humano tanto a nivel individual como social; y por otro, el examen crítico de hasta qué punto las dinámicas que han creado estos instrumentos cabe interpretarlas como positivas o negativas.

Si la aparición del ordenador doméstico desplazó por completo la antigua máquina de escribir, indiscutiblemente con la llegada de internet y la posibilidad de conectarse a la red de manera sencilla y económica (incluso gratuitamente en las bibliotecas) descubrimos un nuevo uso de nuestra computadora (ahora portátil) que está siendo verdaderamente revolucionario. Cuando además observamos que nuestros teléfonos móviles comienzan a incorporar toda esta tecnología y nos permiten ver vídeos musicales, hacer fotografías, comprar entradas para ir al cine, consultar el saldo bancario o en qué año tuvo lugar el nacimiento de Goya, hablar vía skype con alguien que está en la otra punta del mundo…, se hace evidente que estamos ante un acontecimiento histórico.

Internet y las redes sociales, en tanto que herramientas, la mayor parte de los asistentes coincidieron en afirmar que en sí mismas no deben ser calificadas de buenas o malas. Como en el caso de cualquier otro instrumento, será el uso que le demos el que determinará la valoración que podamos hacer. Un uso racional, sensato y apropiado reportará un enorme número de ventajas a cualquier usuario responsable, pero también es cierto que si no es el caso, uno puede caer en las redes de algunos de sus peligros: alienación, huida de la realidad, adicción, superficialidad, etc. Hubo quien señaló que estas nuevas tecnologías están expresamente diseñadas de tal manera que se hace, a la práctica, realmente muy difícil efectuar ese uso apropiado del que hablábamos antes.

Es un hecho que buena parte de nuestra población parece “enganchada” a las redes sociales y se muestra incapaz de dejar de mirar constantemente si han recibido algún mensaje por vía correo electrónico, whatsapp, registro de llamada, etc. o de ser ellos mismos quien lo envíen. Muchos jóvenes se pasan multitud de horas en juegos en línea, en ocasiones hasta altas horas de la noche, viendo después cómo sus estudios se resienten gravemente. Y si miramos los vídeos más vistos en youtube, solemos encontrar entre ellos una colección de imágenes esperpénticas, grotescas, ridículas, morbosas, etc. En la red está todo. Lo mejor y lo peor, todo. Pero nunca como ahora había resultado tan fácil acceder a contenidos que podríamos calificar de “poco edificantes”.

También se discutió acerca de los riesgos de la posible instrumentalización de internet por parte del poder político y económico para ejercer un mayor control de la población y conducirla cada vez más hacia sociedades como las que aparecen en las antiutopías de George Orwell o Aldous Huxley. ¿Internet aportará más democracia o más sometimiento? En todo caso, dada la grandísima potencia de dicha herramienta, es indudable que deberemos estar alertas ante la dirección que pueda tomar en el futuro, pues en el presente ya se están dando muestras de que los riesgos son reales, como han destapado Wikileaks, Snowden, etc.

Para acabar, destacaremos que los jóvenes asistentes comentaron la presión de grupo que se ejerce sobre ellos en torno a las redes sociales. Aquel que no tiene un perfil en facebook o no está en twitter, es visto por el resto como alguien antisocial o “rarito”, de modo que sufre una cierta marginación por parte de sus compañeros. De modo que si bien algunas personas mayores defendían que lo mejor era abstenerse de participar en ese mundo virtual, otras destacaron que no hay vuelta atrás y que lo que hay que hacer es saber adaptarse a las mismas para sacar el mayor provecho de ellas. Además, en los jóvenes prácticamente no hay elección posible: dominar estas herramientas se hace tan básico como aprender a leer o escribir. Por tanto, asumido esto, lo que conviene a nuestra sociedad es educar en el uso responsable de internet y las redes sociales. Como en tantas otras cuestiones, la educación acaba siendo el verdadero instrumento con el que hemos de contar para construir el modelo de ciudadano que sea capaz de manejar esos otros instrumentos de la manera más inteligente, crítica y ética posible.

Por Joan Méndez (AFPC)

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