Vivir sin miedo para sentirse libre

¿Qué es el miedo? ¿Cómo influye en nuestras vidas? ¿Es necesariamente negativo el miedo? ¿Hemos de procurar perder todos nuestros miedos o sólo algunos de ellos? ¿Cómo se hace para perderlos y cómo puede contribuir esa pérdida para que nos sintamos más libres? El café filosófico correspondiente al mes de febrero en la sala cultural de El Corte Inglés de la Avenida de Puerta del Ángel de Barcelona abordó todas estas cuestiones y otras relacionadas con ellas.

La sesión, que tuvo una afluencia de más de cincuenta personas, se inició con una breve presentación por parte del conductor-moderador de la misma, el filósofo Joan Méndez, de la Asociación de Filosofía Práctica de Cataluña, quien destacó el hecho de que acerca del miedo existen dos posiciones diferenciadas: la de los que consideran que todo miedo es negativo, porque es limitante, de manera que vencer cualquier clase de temor siempre aumenta nuestra sensación de libertad; y la de aquellos que entienden, por el contrario, que existen miedos que sí es conveniente poseerlos, puesto que favorecen el que uno se comporte de modo prudente y no se vuelva temerario.

En el debate los contertulios aportaron argumentos a favor de una u otra posición, lo cual evidenció que en buena medida esta diversidad de planteamientos es consecuencia de mantener ideas distintas acerca de qué se entiende por el miedo. Cuando se asocia al aprendizaje de lo que puede ser dañino o peligroso para la persona, entonces parece evidente que resulta algo positivo de él. No obstante, desde la posición contrapuesta, se defendía que una cosa es que de un determinado miedo se pueda derivar una consecuencia positiva y otra cosa distinta es que el miedo, en sí mismo, sea algo bueno.

Bajo este enfoque, se razonaba que, aunque ciertamente sucede en algunos casos que de algo malo se puede seguir algo bueno (por ejemplo, me rompo una pierna, ello evita que vaya a una batalla, y después me entero de que los soldados de mi compañía han fallecido todos en dicha batalla, de modo que gracias a que me rompí la pierna posiblemente he salvado la vida), esto no significa que aquello malo entonces se deba considerar bueno (romperse una pierna es algo malo en sí mismo igualmente).

Más allá de estos planteamientos, se comentó a continuación el vínculo entre miedo y falta de libertad. Se recordó la escena del film Blade Runner en el que hacia el final de la película uno de los replicantes hace referencia a que ser un esclavo es vivir con miedo. Y es que, sin duda, se constata en los niños que cuando son capaces de superar alguno de sus miedos (el de caerse si van en bicicleta, por ejemplo) actuando con valentía y enfrentándose a ellos (sube a la bici y trata de conducirla a pesar del riesgo de caerse y lastimarse), aumentan su autoestima y la confianza en sus propias capacidades. De igual modo, en el adulto todo ello juega un papel clave en la realización personal.

Joan Méndez

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