¿Somos responsables de nuestras vidas?

Jueves 15 de enero: primer encuentro de 2015 en el Centro de Arte de Alcobendas. Camino de los cuatro años de nuestra primera cita (¡se dice pronto!), el tema de la libertad y la responsabilidad se ponía de nuevo encima de la mesa. Sin embargo, en esta ocasión iniciaríamos nuestra reflexión con una mirada más amplia, en la que la dialéctica libertad-responsabilidad se abordaría desde la perspectiva existencial de la construcción de la propia vida. Por ello, nuestra pregunta inicial sería: ¿somos responsables de nuestras vidas?.

Como en aquellas otras ocasiones, comenzamos con una breve lectura de Epicteto. Curioso (o quizá no tanto) que las reflexiones de un filósofo latino que vivió parte de su vida como esclavo nos recordaran la importancia de distinguir entre lo que depende y lo que no depende de nosotros a la hora de juzgar los límites de nuestra responsabilidad, también en el conjunto de nuestra vida. En primera distinción a este respecto fue la necesidad de puntualizar si hablaríamos de la vida en sentido biológico o existencial. Aun siendo interesante desde un punto de vista filosófico, la perspectiva biológica de la vida fue descartada de nuestro camino, por cuanto consideramos (siguiendo a Epicteto) que probablemente el hecho de nuestro nacimiento, en términos puramente biológicos, sería algo que no depende de nosotros mismos.

Siguiendo esta vía existencial, la propuesta de nuestro encuentro no sería una analítica de lo que, puntualmente, depende o no depende un mí, sino analizar si lo que en un momento puntual podemos considerar que depende de mí forma parte siempre de mi responsabilidad. Quizá con la perspectiva que da la vida vivida, con sus juegos de la memoria, relatos del propio yo y las microverdades de mentiras que ello siempre conlleva.

Siguiendo a Sartre, a quien también dedicamos unos minutos de lectura, sobre cada uno recaería siempre la responsabilidad total de nuestra existencia, en tanto que la esencia de todo ser huma es, precisamente, su existencia a modo de proyecto abierto al porvenir:

Queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza a un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto inacabado que se vive subjetivamente (…) y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser (…). El hombre es responsable de lo que es.

J-P Sartre en El existencialismo es un humanismo

No obstante, el gran interrogante abierto sería no tanto el de nuestra responsabilidad ante el proyecto por-venir, sino ante un pasado por-interpretar. La pregunta inicial adquiría así una mayor amplitud, si cabe, con la cual habríamos de afrontar no sólo si somos responsables de nuestra vida, en tanto que proyecto inacabado, sino también si somos responsables de nuestra vida, como proyecto vivido. La dimensión temporal de la responsabilidad, como correlato de la temporalidad de nuestra existencia, se situaba en el centro de nuestros planteamientos. Quizá no somos responsables de lo ya decidido, en tanto que no depende de nosotros el poder evitar esas decisiones… pero puede que nuestra responsabilidad sobre la vida vivida resida en la interpretación (y, por tanto, el sentido) que demos a ese pasado que nos lleva hasta lo que somos.

Estas cuestiones nos llevaron hacia un debate en el que enfrentábamos la propuesta radical del existencialismo sartriano y cierta forma de determinismo fatalista según la cual la libertad y la responsabilidad (también la responsabilidad de nuestras vidas) son un estado de conciencia fruto de los límites de nuestra comprensión global de la realidad. El debate quedó inconcluso, pero ayudó a plantearnos nuevos interrogantes sobre los que profundizar: ¿es lo mismo la responsabilidad legal (ante la ley y, por tanto, ante las instituciones como constructo social regulativo), la responsabilidad existencial antes aludida, y la responsabilidad moral (como forma de señalar nuestra conciencia de responsabilidad, al margen de que aquello de lo que nos sentimos responsables dependa o no dependa de nosotros)?

Los matices dotaban de una mayor profundidad conceptual nuestros discursos, pues nos obligaban a discernir entre una responsabilidad ante las instituciones (como algo externo que nos juzga por unas reglas que quedan al margen de nuestra conciencia de lo que depende o no depende de nosotros); una responsabilidad ante nuestra propia vida y como ésta ha llegado a ser; y una responsabilidad sobre las consecuencias de nuestros actos en la vida de otros. En este terreno de la moral en el que nos situábamos ahora el dilema consistía en determinar hasta qué punto somos responsables no sólo de nuestras vidas, sino también de la vida de los demás. Es decir, ¿somos responsables de cómo nuestras vidas y decisiones pueden llegar a afectar a la vida de los demás? ¿Somos, por tanto, responsables dela vida en general como conjunto? De nuevo habríamos de volver aquí a Epicteto, pues los límites entre lo que depende y no depende de nosotros parecían difuminarse una vez más. El riesgo en este punto se situaba no sólo en determinar hasta qué punto depende de nosotros nuestro contexto, nuestras circunstancias… e incluso nuestros límites (habilidades, capacidades…), sino en las consecuencias de asumir como responsabilidad propia aquello que no depende de nosotros… lo cual nos situaría no ya en el terreno de la responsabilidad, sino de la culpabilidad

Cerrábamos el encuentro con la lectura y comentario de un último fragmento, en este caso de F. Nietzsche [incluir vínculo a fragmento sobre Nietzsche], acerca de la responsabilidad ante la vida, las decisiones límite a lo que nos puede llevar… y las emociones de aceptar esa libertad y responsabilidad como manera de construcción de lo que somos. Tras esta lectura, y con el tiempo ya concluido, quedaría sólo pendiente el tema del próximo encuentro. Siguiendo alguna de las inquietudes generales planteadas, escogeríamos un eterno interrogante filosófico: ¿para qué estamos en este mundo?

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