Verdad / Sinceridad

El café filosófico del mes de mayo en Barcelona lo dedicamos a debatir en qué consisten la verdad y la sinceridad. Para comenzar, el moderador efectuó una introducción sobre cómo ha sido definido el concepto de verdad a lo largo de la historia del pensamiento. Se aludió a la teoría de la verdad como correspondencia (“adaequatio intellectus et rei”), como coherencia (la validez de un enunciado está en relación con cómo se integra con el resto de enunciados que se dan por verdaderos), y como éxito (lo verdadero es lo útil, lo que a la práctica ha demostrado que funciona).

La cuestión de la objetividad o subjetividad de la verdad, su universalismo o relativismo, nos introdujo en el hecho de que en ocasiones se identifica la verdad no tanto desde la perspectiva de su relación con unos determinados hechos, sino más bien desde su capacidad para ayudarnos a vivir, esto es, desde un plano existencial. Así, hay quien considera que algo es verdad para mí, en la medida en que mantener esa creencia contribuye a que sienta que la vida tiene sentido y me da un motivo para seguir adelante. Según este enfoque, mi verdad haría referencia a aquello que me impulsa, me da esperanza y alimenta mi deseo de seguir viviendo.

Por otro lado, nos encontramos también con la aproximación a la noción de verdad en términos de moralidad. Aquí es donde conectamos con el segundo elemento para debatir, y que se trata de cuál es nuestro posicionamiento en torno a la conveniencia o no de decir la verdad. El diálogo se introdujo en la diferenciación entre hipocresía y cortesía, entendiendo que esta última implica dominar las habilidades sociales de una forma adecuada y correcta, mientras que la primera sí cabe asociarla al engaño y la mentira. Saber expresar la propia opinión de una manera asertiva y constructiva para no herir innecesariamente al otro, en lugar de dejarnos llevar quizá por lo que podría ser nuestros impulsos más primarios y decir lo que pensamos a bote pronto sin tener en cuenta cómo ello puede afectar a los demás, no parece una muestra de autenticidad, sino más bien pura y llana mala educación.

Se abordó en última instancia si es cierto o no que vivimos en una sociedad que hace inevitable tener que mentir en ocasiones, o si por el contrario es perfectamente posible funcionar al margen de la falta de sinceridad. Para entrar a fondo en esta cuestión se entró en matizaciones sobre si las pequeñas mentiras cotidianas que aparentemente no hacen daño a nadie deben ser  consideradas igualmente mentiras o no, pues sin duda según cómo contestemos este asunto condicionará que mantengamos una opinión u otra acerca de la propensión humana al engaño, y lo mismo podemos decir cuando hablamos de las llamadas “mentiras piadosas”.

Para acabar, el moderador hizo una recomendación sobre el tema: el capítulo del libro de Raymond Smullyan, 5.000 a. de C. y otras fantasías filosóficas, titulado “¿Por qué soy sincero?”.

Moderador: Joan Méndez Camarasa

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