¿La naturaleza humana es buena o mala?

El café filosófico del mes de junio en El Corte Inglés de Barcelona lo dedicamos a debatir en torno a la cuestión de si el ser humano muestra una bondad natural o si, por el contrario, nacemos con una predisposición innata a la maldad. El moderador apuntó, no obstante, que para poder plantear adecuadamente la discusión convenía reparar en que en ella aparecen involucrados varios conceptos que podían ser problemáticos: ¿qué entendemos por naturaleza humana?, ¿cómo definimos qué es el bien y qué es el mal?, etc.

Ha habido filósofos durante el siglo pasado, como Jean-Paul Sartre, que han cuestionado gravemente si cabía hablar en el caso de las personas de una “naturaleza común”, pues según el famoso existencialista “en el ser humano la existencia precede a la esencia”. Dicho enfoque comprende que cuando nacemos somos pura indeterminación, de tal modo que cada ser humano es una construcción en la que intervienen múltiples factores, con distinto peso específico cada uno: familia, escuela, medios de comunicación, grupo de iguales… Ahora bien, en cada momento el individuo es siempre quien tiene la última palabra, en la medida en que ninguno de ellos anula su capacidad de elección, sino que sólo establece el marco o escenario sobre el que la persona va a tener que ejercer su libertad.

Tras entrar en el debate la referencia a las aportaciones clásicas de  Thomas Hobbes sobre el egoísmo natural y de Jean-Jacques Rousseau acerca de “el buen salvaje”, la conversación se dirigió hacia la valoración de cómo los factores genéticos juegan un mayor o menor papel en nuestro comportamiento y nuestra tendencia hacia el altruismo o la competitividad y la agresividad. Aparecieron alusiones a los trabajos de los etólogos Konrad Lorenz y de Irenäus Eibl-Eibesfeldt. Llama la atención que sus conclusiones son bien diferentes. Mientras el primero coincide con la idea freudiana de una pulsión de muerte (un impulso innato hacia la violencia y la destrucción), el segundo señala que dicho comportamiento en realidad sólo se desencadena cuando advertimos una amenaza, por lo que cabe mantener la esperanza de que si creáramos una sociedad donde las personas no se sintieran amenazadas, las respuestas agresivas disminuirían radicalmente.

La discusión en torno a la bondad y la maldad condujo finalmente hacia la consideración de si la agresividad debía verse necesariamente como algo malo. Igualmente, la cuestión de si podemos hablar de los principios éticos desde una óptica relativista u objetivista concentró la parte final del diálogo, en el que se hizo alusión a aspectos como la banalidad del mal, que tanto ha teorizado Hannah Arendt, y las experiencias que tuvieron lugar en los campos de exterminio nazis.

Joan Méndez

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