La incomunicación

Reunidos de nuevo en el Centro de Arte de Alcobendas, el pasado martes 17 de noviembre tuvimos ocasión de debatir y reflexionar sobre las incomunicaciones. Filomanía es, ante todo, un espacio de comunicación colectiva y dialogada y, por ello, no es de extrañar que el tema escogido representase algo así como una meta-reflexión en abierto sobre las condiciones y posibilidades comunicativas en la sociedad actual.

El planteamiento inicial, tal y como se había propuesto (como de costumbre) en nuestro anterior encuentro, situaba a las Tecnologías de la Información y comunicación (TICs) y a la familia como principales ejes sobre los que articular el diálogo. Sin embargo, para situar ambos elementos en contexto, empleamos la lectura de fragmentos de P. Flichy sobre su concepto de “individualismo conectado”, según el cual (resumiendo) la propia lógica de las TICs fomentan espacios para la construcción de la propia identidad a través de las diferentes posibilidades y medios de conectarse al entorno. En un escenario en el que cada individuo habría visto multiplicadas sus posibilidades de conexión e intercambio social con diferentes grupos y realidades (como forma de definirse a uno mismo), la pregunta abierta sería saber qué cambios o conflictos representaría para espacios de intercambio tradicionales como la familia.

En nuestra propuesta de pensar desde la realidad material que nos afecta, diversas intervenciones arrancaban desde el relato de experiencias particulares de comunicación e incomunicación vividas a través de la tecnología: casos de “comunicación” como la conexión con amigos y familiares lejanos a través de videollamadas o grupos de mensajería y redes sociales, pero también casos de “incomunicación” en reuniones (de amigos, familiares…) presenciales en las que puntualmente los participantes desconectan del diálogo conjunto para atender otras conversaciones mediante sus dispositivos móviles. Con estso relatos de trasfondo, poco a poco la pregunta central si situaba no ya en el par comunicación/incomunicación, sino en el tipo de estructuras y dialécticas de comunicación e incomunicación que generan las TICs, lo cual a su vez abría nuevos interrogantes: ¿Estamos en proceso de descentralización de la comunicación, o acaso en un contexto de mayor dependencia respecto a las estructras de mediación? ¿Qué sucedería en ese proceso con los roles sociales tradicionales de poder? ¿Contribuirían nuevos códigos de comunicación (como los emoticonos o las normas de netiqueta) a corregir posibles incomunicaciones o confusiones surgidos con las TICs?

En principio, las reflexiones a este respecto parecían apuntar hacia la posibilidad de que las TICs produzcan no tanto incomunicaciones, sino comunicaciones superficiales. Sin embargo, su condición de herramienta de comunicación llamaban la atención a cómo, quizá, esa superficialidad de la comunicación podrían no ser simplemente causa del medio, sino de las relaciones sociales actuales y sus condiciones estructurales. Algunos participantes apuntaban que quizá el problema de las incomunicaciones o comunicaciones superficiales no eran tanto consecuencia de los canales de comunicación, sino de las propias deficiencias comunicativas que arrastrábamos históricamente. De tal modo, la promesa de una mayor libertad de expresión y multiplicación de foros de debate e intercambio parecería no sólo demandar los medios o herramientas adecuados para ello, sino la necesidad de una crítica de las condiciones sociales de esos procesos comunicativos. Surgían así nuevos temas de discusión, como la brecha generacional en el uso de las TICs, la construcción social de la identidad en entornos digitales y, en términos generales, la necesidad de reflexionar sobre la responsabilidad en sus usos. Si las TICs, tal y como parece, han venido para quedarse, nuestros últimos apuntes se dirigían hacia la necesidad, y también dificultades, de aprender colectivamente los nuevos códigos de comunicación, sus posibilidades, sus limitaciones y la combinación de estos espacios con los tradicionales para sacer un máximo partido, pero sin olvidar de la necesidad de un ejercicio crítico.

Ángel Carrasco Campos

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