¿Sabemos escuchar?

Se inicia la sesión puntualmente con unas palabras de bienvenida a los asistentes y la presentación del tema. Así mismo, el coordinador hace un breve recordatorio de los mecanismos de participación del último filocafé en Barcelona del 2015.

Antes de iniciar propiamente las rondas de intervenciones de los asistentes el conductor les pide que, de forma concisa, respondan a la siguiente cuestión: escoger  uno entre los 5 sentidos, oído, vista, tacto, olfato, gusto? Pese a ser una elección difícil (y no deseable) la mayoría se decanta hacia la vista, se argumenta que por ser éste el sentido que más “información” nos aporta del mundo, te permite “sobrevivir” mejor… Cerca están los que defiende el oído, también con argumentaciones similares sobre su capacidad de aportarnos conocimiento pero añaden la música, como un elemento vital. Los otros tres sentidos, con un alcance espacial más reducido en la especie humana, apuntan no tanto a la captación de información sino hacia un ámbito de sensaciones relativas a la intimidad, el placer o la buena vida.

Esta pequeña encuesta, comenta el conductor, es anecdótica, sin ningún rigor metodológico pero puede mostrar que la primacía de la vista, como sentido privilegiado para los humanos, haga de éstos seres  más dados a mirar que ha escuchar, aunque también como ha quedado patente en las argumentaciones, no están tan alejados en su función y relación.

Saber mirar y/o saber escuchar

Entre las intervenciones se explicita la distinción entre ver y mirar así como su paralelo oír y escuchar. Ver y oír son actos naturales, relacionados con los propios órganos que los posibilitan, en cierto modo involuntarios. Mirar y escuchar son caracterizados como actos voluntarios, en continuidad con el deseo o como actos de libertad radical, donde la persona debe aportar alguna cosa.  Este punto es aprovechado por Humbert para comentar el caso de Galileo. ¿Cómo pudo ver montañas en la luna? La creencia de la época era pensar que la luna estaba constituida de éter, el quinto elemento, un fluido brillante que era propio del mundo supra lunar y que explicaba entre otras cosas que las manchas observadas en la luna era fruto de diferentes densidades del mismo. Pese a ello Galileo apunto su catalejo no para ver la luna, que ya lo habían hecho otros. Su intención era mirar y buscar pruebas de montañas en la luna pues estaba persuadido de su existencia. ¿Es posible que solo veamos o escuchemos aquello que creemos, aquello que pensamos que sabemos?

Elementos para saber escuchar

Algunos asistentes destacan la importancia de la escucha como un elemento fundamental de su educación y formación, otros además le añaden un elemento estratégico en ámbitos profesionales y algunos hasta un elemento sentimental en tanto destacan la escucha como el elemento clave para amar o querer. En este sentido, una señora nos recuerda la reflexión de Jaume Balmes sobre la atención: las palabras sencillas se dirigen al corazón, las técnicas al oído.

Fruto de las múltiples intervenciones realizadas por los asistentes se fueron desgranando conceptos y reflexiones que perfilaban los contornos del acto de la escucha. La libertad, el respeto, la atención, la paciencia, el dar tiempo al otro, la valentía… incluso la propia mirada delata y dibuja el saber escuchar.  Así mismo, destacar una reflexión que vendría a sintetizar muchas de las ideas comentadas bajo una nueva formulación: saber escuchar es saber dialogar. El dialogo como marco de escucha (también de comunicación) aunque algunas voces críticas alegaron hasta que punto era necesario escucharlo todo o su derecho a cierta indiferencia. Se destaca la importancia o compromiso del comunicador/interlocutor.

Una asistente propone una definición de soledad: no tener a nadie que me escuche, no tener a nadie con quien dialogar.

Escuchar nuestra interioridad

Hacia el final del café filosófico surgieron una serie de aportaciones que hacían referencia al dialogo interior y la capacidad de escucharnos a nosotros mismos. Uno de los asistentes planteo la necesidad de escuchar lo que no nos gusta, ya venga por palabras de otros o por las nuestras propias. La dificultad reside, según otro asistente, en saber si no quiero escuchar, o no puedo o no sé, y que en muchas ocasiones es el miedo lo que nos impide escuchar. Atender a las palabras que nos señalan aspectos mejorables implica rendir cuentas con uno mismo y con los demás.

Próximo tema

Por último, el grupo propone diversos temas para el primer café filosófico del 2016, que será en febrero. De entre las opciones, siempre diversas e interesantes, que se proponen se elige El Agua como próximo tema.

Feliz Navidad, prospero Año Nuevo y que la Filosofía os acompañe!!!!

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