¿Nada pasa porque si?

Se inicia Café Filomanía de septiembre en Barcelona con la presentación de Humbert Ruiz Gil  – www.mimesis.cat – filósofo que ejercerá de facilitador de la sesión.

El Principio de Razón Suficiente (PRS)

Las primeras palabras del filósofo son para señalar que la cuestión planteada ¿Nada pasa porque si? esconde uno de los problemas filosóficos fundamentales. Es una pregunta que nos pone en relación con el conocimiento de las causas, con el conocimiento crítico, es el buscar preguntas a lo dado, a la realidad… Sería el momento ideal, dice el conductor, hacer una clase de epistemología, lógica, metafísica, ontología, teología… pero que, exigencias del guión, se limitará a exponer, a modo de marco introductorio y para dar elementos de reflexión y debate, algunos autores que han acuñado algunos conceptos que considera apropiados para la ocasión.

El primer autor que nombra es Leibniz. Argumenta que la pregunta o el tema del presente café filosófico puede traducirse en alguna de las formulaciones que Leibniz (y otros) han hecho del “principio de razón suficiente”. Así, según el autor “… jamás ocurre algo sin que haya una causa o al menos una razón determinante, es decir, algo que pueda servir para dar razón a priori de por qué algo existe y por qué existe de esta manera más bien que de otra manera”[1] Y en este sentido, para Leibniz, es claro que no todo pasa porque sí, sino que hay siempre una explicación o una causa que justifica o fundamenta algo dado.

Otra formulación que Leibniz da del principio de razón suficiente es la siguiente: “Nuestros razonamientos están fundados sobre dos grandes principios: el de contradicción… y el de la razón suficiente, en virtud del cual consideramos que ningún hecho podría hallarse ser verdadero o existente, ningún enunciado verdadero, sin que haya una razón suficiente por la que ello sea así y no de otra manera, si bien estas razones las más de las veces no nos puedan ser conocidas”[2]

El sistema de Leibniz surge en gran medida como una crítica al dualismo substancial y el mecanicismos cartesiano, las verdades de razón y de hecho, no están ni pueden estar en contradicción, pero lo que ocurre es que las “razones” (causas, justificaciones, demostraciones…) muchas veces nos quedan ocultas y las desconocemos. Cierto es que los filósofos de los siglos XVII y XVIII no fueron muy precisos sobre los diversos tipos de “explicaciones suficientes” y que se necesitaron un par de siglos más para establecer formulaciones más precisas y operativas para el principio de razón suficiente en términos de “criterios de verificación de un enunciado o hecho”.

Ya en el siglo XX destaca la interpretación que hace Heidegger del principio de razón suficiente. Considera este principio como una cuestión central de la metafísica pues atañe a la cuestión del fundamento último de la realidad o existencia. Su análisis nos retorna a las clásicas formulaciones del Ex nihilo nihil fit (de la nada nada surge) o Ex nihilo fit ens cratum (de la nada surgen los seres creados)  en tanto que destaca una parte negativa y otra positiva del principio de razón suficiente: nihil est sine ratione (nada existe sin una razón) y omne ens habet rationem (todo ser tiene razón)

Que no deja de estar en relación nos dice el filósofo moderador con la máxima hegeliana de “Todo lo que es real es racional y todo lo que es racional es real”. Pero para ir acabando esta introducción un poco más larga de lo habitual el conductor de la sesión cita a un último autor que, según su parecer, es sin duda alguna uno de los autores que más ha contribuido a esclarecer la cuestión del principio de razón suficiente. Además, añade, permite atenuar el aspecto puramente filosófico, el de explicación última a la que aspiran ciencias y religiones,   para abrir diversos frentes de debate: A. Schopenhauer. De forma muy esquemática nos dice el facilitador, en la obra Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente (1813) el autor nos habla de cuatro ámbitos, a su parecer irreductibles entre sí, en los que el principio se aplica: el mundo de la física, el de la lógica, el de la matemática y el de la moral. A grandes rasgos, los tres primeros se refieren más a aspectos de los que consideramos ciencia, donde hay cierto grado de consenso sobre las explicaciones y demostraciones. En lo referente a lo moral, donde entra en juego la existencia y conducta del ser humano concreto, hablar de explicaciones o razones resulta de lo más resbaladizo.

Las primeras reflexiones de los participantes vienen a constatar que ciertamente hay o se busca una explicación a la existencia. Parece algo natural en el hombre, incluso en los niños la pregunta insistente e infinita del por qué de las cosas. Una participante interpreta esta explicación en términos de destino trazado, en este caso por una deidad, que se debe saber seguir. Otros se distancian diciendo que el destino no existe, que no está escrito. Aunque hay discrepancias entre los que hablan del azar, el caos y una existencia insignificante y los que admiten la construcción de un cierto destino o finalidad que da sentido a la vida de cada uno. Algunas voces nos recordaron al budismo zen y al eterno retorno.

Otro debate interesante fue el que se generó sobre la dificultad que existe entre determinar la ambivalencia causa-efecto: ¿cuando una causa se convierte en efecto de otra causa o un efecto deviene causa de otro efecto?

Muchos conceptos surgieron en un café filosófico multitudinario, Causalidad (física), Casualidad, Determinismo, Libertad y hasta un cisne negro. Pero lo realmente conmovedor fueros diversos testimonios que mostraron como ciertos hechos de la vida les han generado la pregunta del por qué aquello ocurrió. ¿Fue un mero azar? O era algo que estaba escrito y preparado de antemano… ¿Con qué fin?… Resuenen las palabras de las personas que iniciaron el largo camino por las causas y el sentido buscado de la vida.

Para terminar el café filosófico se realiza la captación de posibles temas para el próximo café. Entre ellos destacan ¿Somos insignificantes?, ¿Dónde empieza lo sobrenatural? o ¿Cómo podemos gobernar nuestras vidas? Finalmente, por amplia mayoría se escogió como tema para el próximo café de octubre: ¿Por qué cuesta tanto aceptar los cambios?

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[1] Teodicea, I, 44.

[2] Monadología, §31-32

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