Inteligencia emocional

¿Una cuestión de colores y temperaturas?

Humbert Ruiz señala a los presentes que no hará un marco introductorio a la tertulia ya que, en gran medida, todos los asistentes tienen una idea precisa de los que es la inteligencia, las emociones y de cómo necesariamente se relacionan. Pese a ello advierte de la dificultad y complejidad del tema, así mismo pide evitar en caer en tópicos o planteamientos dualistas.

A primera vista la “inteligencia emocional” aparenta ser un oxímoron, un concepto antitético, una contradicción en los términos como lo son las expresiones  “madera de hierro”, “caos organizado”… ¿Es cierta esa apariencia? o ¿hasta qué punto?

Para iniciar propiamente el café filosófico el moderador propuso a los participantes responder de forma rápida y escueta a un par de cuestiones iniciales:

  1. Asociar un color a las emociones (en general)
  2. Asociar una temperatura a la inteligencia (en general)

Salvo algunas excepciones, el ámbito de las emociones se asoció con el color rojo (y también con el  violeta, el amarillo…), así mismo, el calor y una temperatura alta fueron algunas de las palabras atribuidas a las emociones. Para el ámbito de la inteligencia los colores más representativos fueron el azul, el gris y el blanco, aunque también estuvieron presentes el amarillo y el rosa. La temperatura baja, en casos tendiente al cero absoluto.

Estas respuestas, esperables según el filósofo, no son más que la constatación de una estructura de definición mental (psíquica) ya presente en Platón, explotada por Descartes y sobre la que se basa el concepto de inteligencia emocional que Goleman acuña y propone: la existencia de dos ámbitos antagónico uno racional y otro racional (incluso fisiológicamente localizados) que requieren de una relación organizada para el sujeto, tradicionalmente entendida como el control o represión de las emociones o pasiones por parte de la inteligencia o razón.

Núcleos de debate

Tras las preguntas iniciales y las primeras intervenciones de los participantes se fueron configurando diversos núcleos de debates que, de diversas formas e intensidades, atravesaron toda la tertulia.

Algunas de las intervenciones se decantaron por los intentos de definición. Sobre las emociones algunos las ligaban a reacciones fisiológicas programadas en nuestro ADN (heredadas de conductas ancestrales), otras voces señalaban que era posible fomentar las buenas y controlar las malas. Sobre la inteligencia, para algunos la capacidad de resolver problemas en diversos ámbitos, para otros la adaptación al medio. Otras reflexiones apostaron por la conexión de la IE con otros conceptos: voluntad, equilibrio, humanidad, empatía o valores.

Otro tema que suscito mucha reflexión fue la existencia de múltiples inteligencias. Para los presentes era obvio la existencia de diversidad de emociones, algunas amigables o buenas (alegría p.e.) y otras dañinas o malas (ira p.e.) pero en el caso de la inteligencia no parecía haber una idea común entre los participantes: ¿existe una inteligencia con diversidad de aplicaciones o son diversas las inteligencias?  Un señor precisó la existencia de tres inteligencias (racional, emocional y fisiológica). Otro apuntó la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner (expuesta en “Frames of Mind” 1983). El propio filósofo moderador comentó la posibilidad de no sustantivar la inteligencia y solo adjetivarla o mostrarla en cómo miramos, cómo tocamos, cómo amamos…

Muy relacionado con el tema anterior fue la cuestión de si la inteligencia o las inteligencias, al igual que las emociones, las hay de buenas y malas o por el contrario, la inteligencia siempre lleva asociadas buenas connotaciones. En este punto el moderador y los asistentes constataron con diversos ejemplos del siglo XX  la frialdad y brutalidad de una inteligencia descarnada y fría. En este sentido unas de las aportaciones acotó: al igual que algunas emociones necesitan el contrapunto de lo racional parece que la inteligencia necesita el contrapeso de las emociones.

Otras aportaciones explicaron la diversidad de ámbitos en la que la IE tiene aplicación. Algunos parecen más propicios como la familia, la escuela o los amigos donde las relaciones humanas de desarrollan de forma no mediada por lo económico (o al menos no es los prioritario). En el ámbito empresarial así como en la política, según los asistentes, la aplicación de la IE es deseable aunque es difícil o de forma casi anecdótica ya que lo “racional”, lo “inteligente” viene mesurado por los económico (prioritariamente)

Con menos presencia pero significativas fueron algunas de las aportaciones que mostraron la conexión de la inteligencia emocional con la filosofía. El moderador Humbert Ruiz comenta que Daniel Goleman, populariza el concepto de IE en su libro Inteligencia emocional, publicada en 1995. La cita que da inicio al mismo es una frase de Aristóteles:

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”

En ese mismo libro, hay todo un capítulo dedicado a la actualización de la máxima délfica “Conocete a ti mismo”, El filósofo recuerda las menciones hechas en el inicio a Platón (Mito del Auriga, Fedro - 246a-254e) o al planteamiento de Descartes. Añade algunas notas sobre la teorización nietzscheana sobre Apolo i Dioniso y unos apuntes sobre problemas de teoría del conocimiento.

Ya casi al final de la tertulia aparecieron un par de interesantes conexiones entre IE  y la tecnología. Por un lado se planteo la relación entre IE y IA. ¿Cómo es o será la relación entre Inteligencias emocionales y inteligencias artificiales?, ¿se asimilaran o competirán? Por otro lado surgió el debate de los emoticonos. ¿Son realmente un lenguaje para expresar emociones o es un lenguaje que empobrece nuestras emociones? Hasta el momento el lenguaje escrito dificultaba su expresión o solo parecía posible hacerlo en los juegos del lenguaje poético o literario.

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