El orgullo

El pasado jueves 14 de septiembre el tema del café filosófico en Barcelona fue “El orgullo”.

Fue un diálogo filosófico donde las participaciones fueron de menos a más y donde tuvo lugar una de las mejores cosas que puede ocurrir en un diálogo filosófico; fue posible observar como algunas personas consideraron por primera vez posibilidades que no se habían planteado antes.

Esas expresiones faciales de descubrimiento reflexivo son uno de los principales motivos por los que la filosofía práctica tiene sentido. Hermoso.

¿Y qué ocurrió durante el café filosófico?

Pues que poco a poco nos fuimos adentrando en el concepto del orgullo y nos detuvimos a reflexionar sobre si el orgullo es bueno o es malo, sobre qué lo
diferencia de la prepotencia y la soberbia. Sobre qué errores nos puede llevar a cometer el orgullo cuando existe en exceso. Y qué ocurre cuando no está presente en medida suficiente.

Hablamos sobre cómo podemos identificar el punto medio en el orgullo, ese punto medio que no nos lleve a alejar a personas de nosotros pero que tampoco aliente a otras a aprovecharse de nuestra persona.

Fue un diálogo vivo y reflexivo dónde tuvieron lugar algunas experiencias personales de las que los presentes se sentían orgullosos que facilitaron que pudiéramos profundizar aún más en la raíz del orgullo, sus condiciones, beneficios y contrapartidas.

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