Reflexiones sobre la felicidad

Durante la pasada tertulia de Filomanía en Barcelona surgieron las siguientes cuestiones:

- ¿A quién corresponde preferentemente hoy en día el hablar autorizadamente sobre la felicidad? ¿Psicólogos, médicos psiquiatras, sociólogos, religiosos, periodistas, especialistas en coaching, autoayuda, filósofos quizás? Se convino en que llama la atención la proliferación de profesionales diferentes que se han volcado en el tema de la felicidad. A veces los enfoques pueden ser complementarios, si bien en ocasiones parecen apuntarse respuestas bien diferentes.

- Atendiendo en particular a lo que nos aporta el planteamiento filosófico, ¿en qué medida la filosofía puede contribuir a que seamos más felices? La filosofía trata de mejorar nuestra autocomprensión, a la vez que dotarnos de mayor lucidez en nuestra representación de la realidad. En este sentido, hace que seamos más conscientes de nuestra circunstancia y nuestras posibilidades, pero ¿necesariamente dicho logro nos ha de aportar también mayor felicidad?

- ¿Es la felicidad algo que quepa contemplar como una meta, una situación ideal a la que llegar? ¿Es un objetivo que pueda ponerse como resultado o efecto de una determinada causa? Parece que existe unanimidad en asociarla más bien a una actitud o a una manera de encarar la existencia, y no tanto con un estado que alcanzar.

- Apareció algún intento de definición en términos de “felicidad es mirarse al espejo y sentirse uno bien con la imagen que ve”, o “la felicidad consiste en aprender a apreciar cada instante y no vivir instalados ni en el recuerdo ni en el futuro”.  Otra aportación señalaba que la palabra “felicidad” ha sido vaciada de significado en nuestra tradición cultural al equipararla a otros objetos de consumo. ¿Se puede comprar felicidad, tal y como compramos otras cosas? Asimismo, ¿puede la actual crisis económica favorecer que revisemos nuestra manera de relacionarnos con las cosas o que despertemos una mayor sensibilidad por lo espiritual?

- ¿Es la felicidad algo que depende de cosas externas, o ha de ser algo que busquemos dentro de nosotros mismos? ¿Hasta qué punto una persona puede ser feliz centrándose en la profundización de su propia interioridad? Si bien se valoró la experiencia meditativa, se apunto que posiblemente la felicidad se sitúe en el espacio intermedio entre “fuera y dentro”, pues los demás también contribuyen a que mejore el conocimiento que tenemos de nosotros mismos, y los sentimientos hacia nuestros semejantes no pueden desligarse de lo que contribuye a una vida feliz.

- Por último, se abordó la cuestión de si existe una cierta presión social hacia el hecho de que las personas tengamos que mostrarnos ante los demás constantemente alegres y “felices”. Se nos bombardea a menudo con mensajes que reclaman de nosotros que hemos de ser positivos, que hemos de ser optimistas, etc. cuando en ocasiones una causa de infelicidad puede ser precisamente el de mantener expectativas demasiadas elevadas sobre lo que nos va a suceder o lo que nos vamos a encontrar.

Durante la sesión se mencionaron otras obras de interés como: Schopenhauer, El arte de ser feliz; André Comte-Sponville, La felicidad, desesperadamente; o Eduard Punset, El viaje a la felicidad; Álex Rovira, La buena crisis.

Por Joan Méndez

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