Mujeres y futuro

El encuentro del 26 de abril en la Librería Ocho y Medio de Madrid ha resultado una experiencia interesante.

Éramos todas mujeres ese día. Quizás  el título se pudo interpretar como excluyente del hombre. Fuera un error de nuestra parte, fuera una excusa por su parte, el caso es que los hombres no aparecieron.

L. arranca con la consideración de que uno de los retos del futuro es que la mujer a igual trabajo obtenga el mismo salario, pero luego vimos que eso no era lo que real y más profundamente preocupaba a las presentes. La propia L. lo recogió en su comentario final.

Abordamos  los rasgos con los que nos vemos a nosotras mismas: abiertas, sensibles, acogedoras, con gran capacidad de trabajo. MªA. pregunta ¿No será porque no nos valoramos mucho por lo que nos ponemos a hacer de todo? En respuesta vemos que nos metemos en todo pero eso hace que no sea al cien por cien y que sí que hay una necesidad de sentirse aceptada a través de los demás. Vemos que esto se desarrolla especialmente  en el ámbito de las relaciones familiares  y  que produce un efecto colateral, no conscientemente buscado pero que tiene efectos muy comprometedores: se trata de que nos volcamos en  defensa del territorio donde esas relaciones familiares se dan y que terminamos considerando nuestro reino: la casa. Así resulta que nuestro reino es también nuestra trampa. Vemos cómo esa dedicación hace recaer en la mujer tantas tareas imprescindibles, sobre todo del cuidado de los hijos, a las que los hombres se acercan solo cuando la mujer no lo hace. Aunque también vemos cómo a los hombres más dispuestos no se les deja actuar fácilmente ¿Falta de confianza en sus capacidades o ansiedad de perder el rol por el que nos sentimos necesitadas? Desde luego L. lo tenía claro “por los hijos una mujer hace todo”. La biología manda lo suyo, todas lo reconocen, el vínculo madre-hijo es considerado superior a cualquier otro vínculo. Aunque se levantan voces a favor de considerar igual el vínculo del padre con su hijo, parece que lo que nos corresponde como madres es prioritario sobre cualquier otra cuestión. Vamos a ver cómo eso es determinante para nuestro comportamiento, tanto que el gran dilema de la mujer actual es tener o no tener hijos. Vemos cómo la organización social y económica no apoya el hecho de que la mujer pueda elegir tener hijos sin que esto sea tener que pagar un precio fatal, por lo que la elección se convierte casi en una condena anunciada. Esto hace que se produzca la locura de que los hijos aparecen en nuestra sociedad a priori como un obstáculo que se termina por eludir. C. apuntó que además los hijos aparecen como una gran carga económica porque no se sabe frenar los gastos que les corresponden.

Como decía al principio de esta reseña L. recogió la conclusión final: el desafío del futuro alcanzaba a toda la sociedad que debe comprender que sobre la mujer recae el precio de decisiones que incumben a todos, como la de tener hijos, entendimos que debía haber una sensibilización general para que la mujer dejara de  sobrellevar el conflicto en soledad.

Por Mercedes García Márquez

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