¿Mejor solos que mal acompañados?

El pasado 24 de mayo tuvo lugar nuestro café filosófico en la  Librería Ocho y Medio en Madrid. El tema elegido para esta ocasión fue: ¿Mejor solos que mal acompañados?

Transitamos por la soledad, el autoconocimiento y la realización personal.

Vimos que lo que se presenta como una alternativa podría no ser tal, a veces  nos encontramos mal acompañados y solos.  Hay una soledad pesada y triste y una que viene del sentimiento de vacío, ese que podríamos querer llenar con cosas materiales, drogas o somníferos, ese tipo de soledad es un infierno y todo lo que sirva para paliarla lo vamos a hacer incluso buscando mala compañía. Otra versión del conflicto nos llega a través de un prejuicio que nos podría condicionar: la soledad es entendida como síntoma ante los demás de que algo no va bien en tu vida, es sinónimo de fracaso, buscamos atacar un síntoma erróneamente.

En el polo opuesto nos podríamos encontrar al que sí  vive cierta plenitud interior pero no encuentra con quien compartir… pero vimos lo improbable de esta posibilidad: el que tiene abundancia interior la proyecta hacia fuera y eso atrae a los demás. Al abundante, al humanamente rico se le multiplican los bienes, al vacío todo se le hace vacío, le hacen el vacío los demás también. La abundancia interior se trabaja, se empieza por el propio conocimiento de lo bueno y lo malo de uno y desde ahí se puede producir el cambio o la aceptación. Tener buena relación con uno mismo propicia las buenas relaciones con los demás, aunque curiosamente ya desde ahí no se buscan tanto y sobre todo no se mendigan.  Y vimos que la soledad se puede entender como un desafío pero sobre todo es una realidad que te impone la vida y que tienes que ir reconociendo en tu proceso de madurez, al margen de que tengas compañía. La soledad más allá del estado de no-estar-acompañado es una experiencia de conocimiento de uno mismo y una aceptación básica, previa a la búsqueda de una felicidad real, bien fundamentada y que como tal se extiende a los demás.

Vimos cómo vivir en soledad puede ser producto de una mala experiencia en alguna relación pero vimos que actualmente hay mucha gente que se lo plantea como forma de vida, como elección. Está en el ambiente. Las prioridades se deciden individualmente, ya no hay tanto marcado por normas sociales. Y por tanto ya no es tanto un fracaso como una opción.

Pero tenemos por otro lado que quizás el verdadero desafío es estar en pareja, vivir en común. Vimos como  el individualismo  puede responder al miedo de tener que aceptar que los otros te reflejen cómo eres. En ese sentido estando solo estás a salvo, dentro de cierta comodidad o facilidad  porque nadie te dice cómo eres, ni parece que tengas que responder a la exigencia de hacer feliz a nadie.

Finalmente nos hicimos esta pregunta ¿Vivir solo o acompañado es sólo una cuestión de opción?… O quizás existe una inclinación natural de cada uno por esos dos proyectos de vida. Vemos que hay una mayoría a la que le aparece con más fuerza el impulso a vivir en compañía, y  vemos como ello  se vive también como una necesidad fuerte la realización vital personal a través de la familia y los hijos. Pero en cualquier caso vivir en solitario ya no está mal visto, si se puede considerar una opción es en parte porque ya no le rodea el halo del fracaso, hay más libertad para dar forma a la vida.

Libro recomendado:

Comte-Sponville, André. La felicidad, desesperadamente.

Películas:

FRÁGIL (2005) de Juanma Bajo Ulloa

CYRANO DE BERGERAC (1990) de Jean-Paul Rappeneau

Por Mercedes García Márquez

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