¿Nos comprometemos con la democracia que queremos?

En nuestro encuentro del pasado 28 de junio en la librería Ocho y Medio (Madrid) quisimos contribuir a la reflexión sobre nuestra democracia que se está haciendo de una manera bien patente en nuestro país.

Para no dar nada por supuesto, nos planteamos si, en tanto que sistema, podría haber una alternativa a la democracia y entendimos que, por mucho que necesitara mejoras (sobre todo en sus mecanismos de control, incluida la justicia) no había otro sistema mejor. Vimos que el compromiso para su mejora tenía que ser de todos, pero sí se señaló que por parte de los políticos tenía que ejercerse más motivación de servicio público ya que en los últimos años la clase política había entrado en una dinámica muy centrada en los intereses de partido, e incluso peor: centrada en sus intereses como clase política, con la prioridad puesta en su supervivencia cuando no en su enriquecimiento. Esto, más allá de que pueda generar delitos penales, produce un ambiente en el que se van corrompiendo las voluntades y las intenciones, y se pierde el norte del beneficio público, que es el único que debería orientar las decisiones políticas.

Vimos que una de las causas que están detrás de esta deriva es la preponderancia del dinero como rector de la vida común, lo cual a su vez ha sido generado por un sistema económico capitalista que ya no tiene competencia de ningún tipo, ni ideológica, ni funcional; campa a sus anchas sin que haya nada que le ponga límites, ni desde los poderes políticos ni sociales. Hemos bajado la guardia, dicen algunos, y el conformismo con un sistema que hasta ahora no iba mal ahora parece que nos va a cobrar cara la pasividad.

Frente a esta situación nos encontramos con una explosión de información en la red: los contactos multiplicados, los debates, los intercambios entre particulares, al margen del poder, del dinero, y lo que es más curioso, a parte de los propios medios de comunicación masivos tradicionales, que en muchos momentos han quedado obsoletos. La red es un medio de intercambio horizontal, donde la autoridad la marca el que diga y aporte lo más interesante, lo que resulte más significativo para todos. Vemos como se da esto con la generosidad extrema del que aporta su esfuerzo y sus conocimientos por el puro placer de compartir, en el polo opuesto del que le pone precio a todo. Se recuperan por este vía los valores elevados del diálogo y la generosidad.

El movimiento del 15 M habría surgido de ese ambiente de comunicación, no violento, bien informado y crítico. Aunque algún participante señaló que todavía quedaba mucho para que todo este estado de opinión cristalizara en alternativa que se integrara formalmente en el funcionamiento democrático de votaciones, valoramos que se haya dado ese paso. Un paso al que ha contribuido la energía de los jóvenes, de los que hasta ahora parecía que esta sociedad no esperaba gran cosa. Si esto es una semilla de mayor conciencia para una mejor convivencia, bienvenida sea.

Por Mercedes García Márquez

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