¿Somos responsables de nuestros actos?

Retomando la nueva temporada de encuentros de Filomanía en el Centro de Arte de Alcobendas desde el punto en el que finalizamos, si nuestro encuentro de junio de 2011 abordó el problema de la libertad, nuestra sesión del pasado martes 13 de septiembre tuvo como tema de reflexión la pregunta por la responsabilidad de todo acto libre.

Como en anteriores ocasiones, de nuevo el comienzo de nuestra reflexión tuvo como punto de partida la lectura de un breve texto. La elección de un fragmento de Alfred J. Ayer sirvió para plantear de inicio la estrecha y problemática relación entre libertad y responsabilidad: si admitimos que sólo soy responsable de mis acciones libres, pero admitimos también que “el comportamiento humano está regido totalmente por leyes causales”, ¿cuál es el lugar propio de la responsabilidad?

Este interrogante fue rápidamente resuelto por el grupo, reconociendo de manera unánime la radical capacidad del ser humano para tomar libremente decisiones, aun estando condicionado por cualquier tipo de factores externos o condicionantes incontrolables por el sujeto. Incluso bajo este tipo de sometimientos a lo que no depende de uno mismo, existiría  responsabilidad moral, a pesar de reconocer que en estos casos quedaría atenuada en función precisamente de la naturaleza y grado de dichos condicionantes.

Aceptando, entonces, la responsabilidad de todo sujeto de sus actos, la reflexión nos llevó a preguntarnos: ¿ante quién somos responsables? Dos posibles respuestas fueron planteadas: por una parte, seríamos responsables ante nosotros mismos, en tanto que es nuestro propio yo lo que está, en definitiva, en juego en cada uno de nuestros actos. Por otra parte, también seríamos responsables ante la sociedad, pues si admitimos la realidad social del hombre, las consecuencias de todo acto comprometen también a los que con nosotros comparten contexto.

En este punto, se invitó a los participantes a un ejercicio reflexivo para cuestionar el vínculo entre las consecuencias de un acto y la responsabilidad de ese acto ante los otros: ¿sería responsable ante los otros las consecuencias de una libre acción de un hombre en una isla desierta (plenamente solo y en soledad)? Puesto que “elegir esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos” (según reconoce, tal y como pudimos leer, Jean Paul Sartre), con este ejercicio pudimos plantearnos radicalmente hasta qué punto toda libre acción compromete de manera fundamental (no sólo fáctica) a los otros.

Nuestra reflexión sobre la responsabilidad social de nuestros actos nos llevó también a plantearnos cuestiones de índole política: ¿somos responsables del devenir de la sociedad? En primera instancia, en un contexto social inmediato, si bien la responsabilidad individual del conjunto de la sociedad (también de sus expresiones, como las leyes o las formas de gobierno) se planteaba como limitada, se reconocía de algún modo cierto margen de libre acción para poder cambiar la realidad. Sin embargo, el problema se hacía más complejo de cuando, en lugar de referirnos a situaciones cercanas de contextos cercanos, se cuestionaba la responsabilidad ante problemas generales como el hambre, la pobreza o las desigualdades. En estos casos, aun reconociendo la influencia global y a gran escala de cada uno de nuestros actos, esta influencia parecería diluirse (a pesar de que nuestras acciones puedan cambiar el mundo, no podemos ni debemos asumir plena responsabilidad del mundo en su conjunto).

En este punto, y por cuestiones de tiempo, la reflexión permaneció abierta, surgiendo tanto la necesidad de distinguir entre responsabilidad y culpabilidad, como también cierta inquietud por las implicaciones filosóficas del carácter social del ser humano. Tal vez por ello como tema para la siguiente sesión se eligió la pregunta por la dimensión política del hombre.

Por Ángel Carrasco Campos.

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