Reflexiones sobre el humor

En la sesión de octubre de Filomanía en Barcelona hemos abordado el tema del humor.

Etimológicamente, los humores son los cuatro líquidos que, según los antiguos, circulaban por nuestro cuerpo determinando nuestra salud física y psíquica. Su equilibrio era caracterizado como “buen humor”, su desequilibrio en favor de cualquiera de los cuatro, como “mal humor”.

Sea como fuere, los participantes del café han compartido la comprensión moderna del término como “buen humor” y, preguntados por lo que les sugería el título, lo han relacionado directamente con una capacidad de distanciarse de las dificultades de la vida y reírse de uno mismo.

El diálogo corría el peligro de terminarse con el presupuesto de que todos sabemos qué es el humor. Sin embargo, ha bastado escarbar un poco para que aparezcan interesantes interrogantes en torno a él. ¿Es el ridículo ajeno lo que provoca la risa? ¿O más bien el propio? ¿No es el absurdo del mundo, de la vida, lo que provoca la risa más inteligente? Un participante propone, a modo de chiste, pero por qué no también a modo de tesis, que la risa del bebé es una risa ante la comicidad del mundo al que le han traído los adultos. ¿Qué pasa, entonces, con esta moda actual de “recuperar al niño interior”? ¿Es la risa adulta la misma que la infantil? ¿O ha perdido el adulto la capacidad de reír?

En todo caso, parece que recuperarla es destacado por todos como algo importante y funcional: no sólo permite sobrellevar mejor las circunstancias pasadas, sino relajar nuestras defensas y abrirnos mejor a experiencias futuras, así como también a la comunicación con los demás.

O, incluso, abrirnos a la comunicación con nosotros mismos. Según un participante, el humor resulta una privilegiada herramienta de aceptación de uno mismo.

Coordinador: Henrik Hdez.-Villaescusa Hirsch (AFPC)

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