Filosofía y espiritualidad

Llamamos filosofía a esta peculiar forma de pensamiento que se plantea la pregunta no sólo, por supuesto, por lo que es verdadero y lo que es falso, sino también por aquello que hace que exista y que pueda existir lo verdadero y lo falso. Llamamos filosofía a una forma de pensamiento que se plantea la cuestión de cuáles son las mediaciones que permiten al sujeto tener acceso a la verdad. Filosofía es una forma de pensamiento que intenta determinar las condiciones y los límites del acceso del sujeto a la verdad. Si denominamos a todo esto filosofía creo que se podría denominar espiritualidad a la búsqueda, a la práctica, a las experiencias a través de las cuales el sujeto realiza sobre sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la verdad. Denominaremos por tanto la espiritualidad al conjunto de estas búsquedas, prácticas o experiencias, entre las cuales se encuentran las purificaciones, la ascesis, las renuncias, las conversiones de la mirada, las modificaciones de la existencia que constituyen, no para el conocimiento sino para el sujeto, para el ser mismo del sujeto, el precio a pagar para tener acceso a la verdad.

Se podrían señalar tres características de la espiritualidad así entendida:

En primer lugar, la verdad no le es concedida al sujeto de pleno derecho, sino que por el contrario el sujeto debe, para acceder a la verdad, transformarse a sí mismo en algo distinto. El propio ser del sujeto está por tanto en juego, ya que el precio de la verdad es la conversión del sujeto.

En segundo lugar, no puede existir la verdad sin una conversión o sin una transformación del sujeto. Esta transformación se realiza a través del impulso del eros, del amor — movimiento a través del cual el sujeto se ve desgajado de su estatuto—, y por medio del trabajo que el sujeto realiza sobre sí mismo para convertirse al fin en un sujeto capaz de lograr la verdad mediante un movimiento de ascesis.

En tercer lugar, el acceso a la verdad produce un efecto de retorno de la verdad sobre el sujeto. La verdad es lo que ilumina al sujeto.

Para la espiritualidad, la verdad no es en efecto simplemente aquello que le es dado al sujeto para recompensarlo en cierto modo por el acto de conocimiento y para completar este acto de conocimiento. La verdad es lo que ilumina al sujeto, lo que le proporciona la tranquilidad de espíritu. En suma, existe en la verdad, en el acceso a la verdad, algo que perfecciona al sujeto, que perfecciona el ser mismo del sujeto o lo transfigura.

(…)

Digamos, esquemáticamente que, desde la Antigüedad, la cuestión filosófica de ¿cómo tener acceso a la verdad? y la práctica de la espiritualidad, en tanto que transformación necesaria del ser del sujeto que va a permitir el acceso a la verdad, constituyen dos cuestiones que pertenecen al mismo registro y que no pueden, por lo tanto, ser tratadas de un modo separado. Y, si exceptuamos a Aristóteles, para quien la espiritualidad no jugaba un papel muy importante, la cuestión filosófica fundamental, interpretada en tanto que cuestión de espiritualidad, era la siguiente: ¿qué transformaciones son necesarias en el propio ser del sujeto para tener acceso a la verdad?

Muchos siglos más tarde, el día en el que se pasa a postular que el conocimiento es la única vía de acceso a la verdad (con el cartesianismo), el pensamiento y la historia de la verdad entran en la modernidad. Dicho de otro modo, me parece que la Edad Moderna de la historia de la verdad comienza a partir del momento en el que lo que permite acceder a lo verdadero es el conocimiento y únicamente el conocimiento, es decir, a partir del momento en el que el filósofo o el científico, o simplemente aquel que busca la verdad, es capaz de reconocer el conocimiento en sí mismo a través exclusivamente de sus actos de conocimiento, sin que para ello se le pida nada más, sin que su ser de sujeto tenga que ser modificado o alterado. A partir de este momento preciso se puede decir que el sujeto es de tal naturaleza que es capaz de llegar a la verdad siempre y cuando concurran aquellas condiciones intrínsecas al conocimiento y extrínsecas al individuo que se lo permitan.

M. Foucault en La hermenéutica del sujeto

Share

¿Espiritualidad o religión?

Reunidos, como cada mes, en el Centro de Arte de Alcobendas, nos disponemos a dar comienzo un nuevo encuentro, en esta ocasión para dialogar sobre espiritualidad y religión. Cerca de las fiestas navideñas, las orientaciones iniciales de la dinámica se ven acompañadas de dulces típicos de estas fechas que algunos de nuestros habituales han decidido compartir con el grupo, y cerramos los preliminares con un brindis por el nuevo año… y por la filosofía. Hoy tenemos, por tanto, una “sidra” filosófica para amenizar la reflexión.

Tras el brindis, damos paso a la habitual lectura de algunos fragmentos para introducir la temática y dar paso a las intervenciones. Comenzamos por la definición del Diccionario Herder de Filosofía, que recoge las palabras de É. Durkheim para plantear la religión como un “sistema solidario de creencias y prácticas relativas a cosas sagradas, es decir, separadas, prohibidas, creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia, a todos los que se adhieren a ella”. Acto seguido, acudimos a M. Foucault, para la lectura de algunos breves fragmentos de La hermenéutica del sujeto, de la que destacamos:

“Se podría denominar espiritualidad a la búsqueda, a la práctica, a las experiencias a través de las cuales el sujeto realiza sobre sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la verdad” (M. Foucualt en La hermenéutica del sujeto).

Con los ejes conceptuales del tema de la sesión, se abre el turno de intervenciones, que comienzan planteando el lugar de la religión y la espiritualidad en la sociedad actual, desde un punto de vista filosófico (es decir, sin referir de entrada a ninguna forma de religión o espiritualidad concreta). De tal modo, si la religión (cualquier religión) se caracteriza por la capacidad de aglutinar a un colectivo bajo una creencia común en torno a “lo sagrado”, y la espiritualidad (cualquier forma de espiritualidad) como una experiencia transformadora del sujeto, ¿cuáles serían los elementos religiosos y espirituales de nuestra sociedad, cada vez más globalizada, pero que permite experiencias cada vez más individuales y privadas de esa realidad?

Varias de las intervenciones apuntan hacia la pérdida de Dios (u orfandad de Dios) como experiencia común. Como ejemplo, alguno de los participantes propone la lectura de San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno.

La transformación (o modernización, según exponía el texto de Foucault) que hemos experimentado en nuestras sociedades avanzadas en los últimos cincuenta años habrían expulsado a la Divinidad como elemento de cohesión de la vida colectiva, bien situando en el plano de lo “sagrado” a otros elementos (como el dinero, o el consumo de bienes materiales o inmateriales –como la información) como columna vertebral de la sociedad, bien generando una experiencia de falta de referentes.

En este contexto, algunos comentarios apuntaban hacia la espiritualidad como reducto individual en el que cada cual pueda encontrar el espacio para hacer frente a las incertidumbres propias de esta pérdida de referentes. Como respuesta ante la incertidumbre de lo desconocido de un mundo en cambio, una actitud espiritual, en tanto que voluntad de transformación del propio yo para intentar conocimiento de la verdad (sea lo que sea “la verdad”) se presentaba como alternativa.

La tendencia, o tal vez necesidad, propiamente humana de intentar buscar explicaciones a nuestras experiencias (también nuestras experiencias de desamparo o de soledad) surgía, así, como una actitud propiamente espiritual que, paradójicamente, parecería brotar con más énfasis ahí cuando la religión, como conjunto de creencias colectivas que nos unen, está en crisis. De tal modo, esa espiritualidad, que en principio se presentaba como experiencia individual, se postulaba en algunas intervenciones como punto de encuentro entre individuos, de tal modo que quizá el mero hecho de compartir con otros esas vías de transformación pudiera dar lugar a nuevos espacios de encuentro. Como pregunta abierta, que retomaremos en nuestro siguiente encuentro de enero, nos planteábamos finalmente: ¿podremos construir desde esa actitud espiritual nuevos criterios de lo correcto y lo incorrecto? ¿o estamos abocados al relativismo moral?

Ángel Carrasco Campos

Share

Filomanía Barcelona: ¿La felicidad cómo meta o cómo camino?

Comenzamos 2017 listos para compartir otro Café Filomanía. Os esperamos el  jueves 12 de enero a las 19h en El Corte Inglés, Avinguda Portal de l’Àngel, 19 (Planta 6) para seguir reflexionando en grupo.

El tema: ¿La felicidad cómo meta o cómo camino?

Coordina: Jaume Sabater

¡No os lo perdáis!

Share

Filomanía Alcobendas: Lo correcto y lo incorrecto

Os invitamos a compartir nuestro próximo Filomanía el jueves 19 de enero a las 19h. en el Centro de Arte Alcobendas (3ºplanta) y disfrutar de otra sesión de reflexión filosófica y dar la bienvenida al 2017!

El tema: Lo correcto y lo incorrecto.

Coordina: Ángel Carrasco Campos

¡Os esperamos!

Share

¡Bienvenido 2017!

Por un 2017 de muchos Filomanía!

Share

Filomanía Alcobendas: ¿Espiritualidad o religión?

Os esperamos el jueves 15 de diciembre a las 19h. en el Centro de Arte Alcobendas para compartir nuestra próxima cita de Café Filomanía y despedir el año con un brindis.

El tema: ¿Espiritualidad o religión?

¡Nos vemos!


Share

« Previous Entries Next Entries »